Catherine Pope
Catedrática de Sociología Médica en la Universidad de Oxford (Reino Unido)
Los artículos de Ferber et al. y Lievin et al. aportan evidencia relevante sobre los posibles usos clínicos de los grandes modelos de lenguaje (LLM, por sus siglas en inglés). Es fácil dejarse cautivar por los titulares que aseguran que este tipo de LLM ‘superan a los médicos’, pero, como siempre, el diablo está en los detalles. Ambos estudios se basan en simulaciones: el de Ferber et al. utiliza conversaciones simuladas a partir de notas clínicas de pacientes, mientras que el segundo recurre a formatos de examen con actores que recrean escenarios médicos con fines de formación y evaluación de médicos. Todo esto sigue estando bastante alejado del mundo real de la atención sanitaria, que es desordenado, complejo y profundamente humano.
Ambos trabajos muestran que los LLM pueden imitar ciertos aspectos del desempeño de médicos experimentados, pero —y esto es clave— reconocen también que, aunque el potencial es prometedor, aún se necesita mucha más investigación antes de que estos modelos puedan o deban implementarse en la práctica clínica. Como señala el artículo de Ferber et al., su uso en el mundo real tendría que darse en colaboración con los profesionales sanitarios: es poco probable que estas tecnologías sustituyan a los médicos, y muchos argumentarán que, en lo esencial, no pueden reemplazar los aspectos humanos fundamentales del cuidado sanitario.