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Juan Busqué

Investigador del Centro de Investigación y Formación Agrarias (CIFA) de Cantabria y presidente de la Sociedad Española de Pastos

El pastoreo de grandes herbívoros domésticos a nivel planetario es fundamental para la provisión de servicios ecosistémicos esenciales para nuestra supervivencia. Este hecho incuestionable ha merecido que 2026 sea reconocido por la FAO como el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores. Como toda actividad humana, la forma en que se realiza el pastoreo define cuantitativamente el nivel de provisión o, en los peores casos, el de desabastecimiento de estos servicios, siendo habitual encontrar resultados científicos contrapuestos, según qué servicios se analicen o incluso según el nivel de detalle o imparcialidad del análisis.  

Este último aspecto es el que aborda de partida este interesante estudio, poniendo en evidencia el sesgo de la literatura científica de las dos últimas décadas hacia el análisis de los efectos negativos del sobrepastoreo, dejando casi sin abordar los posibles efectos del abandono del pastoreo, tendencia cada vez más habitual en muchas áreas marginales de los países con mayor desarrollo económico del planeta.  

El estudio resalta que la evolución de la presión de pastoreo en el presente siglo, analizada a nivel de las 18 grandes regiones de la Tierra consideradas por la FAO, está positivamente correlacionada con la presión demográfica y negativamente con el consumo de carne de cerdo y pollo producidos en condiciones intensivas. Así, en las regiones económicamente más pobres, con mayor crecimiento demográfico y menor tecnificación, la presión de pastoreo ha aumentado, ocurriendo lo contrario, presumiblemente por abandono de amplias zonas marginales, en las regiones más ricas. Esto concuerda también con la importante correlación positiva apuntada entre la evolución de la presión de pastoreo y la proporción de la producción de cereales dedicada a la alimentación humana (vs. la dedicada a la alimentación animal). La fuerte demanda de otros cultivos, especialmente soja, por las ganaderías intensivas de monogástricos y el exceso de proteína de origen animal en la dieta de los habitantes de los países desarrollados, aunque no apuntados en el estudio, no hacen sino ahondar en estos desequilibrios patentes.  

España se encuadra dentro de la región FAO denominada Europa del Sur, que es la tercera, según el estudio, con mayor descenso en la presión de pastoreo desde principios de siglo. El trabajo aporta referencias recientes que demuestran la relación entre el descenso en el pastoreo y el aumento en la frecuencia de fuegos destructivos, algo que no deja de evidenciarse en muchos estudios a escalas más detalladas en nuestros ecosistemas mediterráneos y que, desgraciadamente, sufrimos de forma dolorosa en años como el pasado 2025.  

El estudio pone de relieve de forma sencilla y a una escala planetaria aspectos de gran relevancia sobre la importancia de alcanzar un equilibrio entre presión de pastoreo y productividad de los pastos, territorios que ocupan una cuarta parte de la superficie terrestre del planeta. El desequilibrio hacia un abandono del pastoreo, que es especialmente notable en la Unión Europea (las cuatro regiones FAO con descensos más altos en presión de pastoreo son las que abarcan la UE), requiere medidas políticas para frenar e incluso revertir esta tendencia. En el caso de la Unión Europea, la Política Agraria Común, actualmente en pleno debate sobre la nueva reforma que entrará en vigor en 2028, debería comprometerse de forma decidida a mantener y recuperar los valiosos espacios pastorales de sus estados miembros.

ES