Autor/es reacciones

Guglielmo Foffani

Investigador principal y responsable de Neurofisiología y Neuromodulación en la Fundación CIEN y responsable del Grupo de Neurociencia Funcional en HM CINAC

Este estudio presenta un análisis ambicioso, basado en una gran cantidad de datos de neuroimagen y en diferentes aproximaciones terapéuticas en la enfermedad de Parkinson. Los autores proponen que una red cerebral recientemente descrita en la corteza motora primaria, relacionada con la integración entre cognición y acción, podría estar implicada de manera relevante en la fisiopatología de la enfermedad. El trabajo se inscribe en una línea de investigación creciente que intenta comprender la enfermedad de Parkinson como un trastorno de redes cerebrales y no solo como una alteración de circuitos motores específicos.

Sin embargo, es importante interpretar los resultados con cautela, también desde el punto de vista del relato científico que construye el artículo. El trabajo sigue una estructura muy habitual en este tipo de estudios: primero reinterpreta la enfermedad desde un constructo conceptual que orienta la lectura de los resultados, luego identifica una ‘firma’ en resonancia magnética consistente con el constructo, después muestra que dicha firma cambia con distintos tratamientos, y, finalmente, interpreta estos cambios como un mecanismo central de la enfermedad. Este tipo de narrativa puede ser sugerente, pero no siempre distingue con claridad entre correlación estadística y causalidad biológica. En primer lugar, la ‘firma’ en este caso se basa en correlaciones obtenidas mediante resonancia magnética funcional en reposo, que son medidas matemáticas que no permiten inferir directamente cambios en la conectividad real del cerebro. En segundo lugar, el experimento con estimulación magnética transcraneal, que aporta la evidencia causal y terapéutica más directa, es limitado en tamaño y presenta posibles factores de confusión técnicos.

Por ello, aunque el estudio es sin duda muy interesante y abre nuevas líneas de investigación, todavía no justifica afirmar que la enfermedad de Parkinson sea un ‘somato-cognitive action network disorder’, como sugiere el título, ni que este concepto vaya a ‘duplicar’ la eficacia de los tratamientos en la práctica clínica. Serán necesarios estudios con otras técnicas para confirmar o refutar la hipótesis propuesta, así como ensayos más amplios, independientes y con diseños más rigurosos antes de trasladar estas ideas a la práctica clínica habitual.

ES