Alejandro Pérez Fidalgo
Médico del servicio de Oncología y Hematología del Instituto de Investigación Sanitaria Clínico Valencia (INCLIVA), Hospital Clínico Universitario de Valencia y miembro de los grupos de trabajos Largos Supervivientes y de Adolescentes y Adultos Jóvenes de la Sociedad Española de Oncología Médica
El estudio GBD (Global Burden of Diseases) es uno de los proyectos científicos más grandes y ambiciosos diseñados para cuantificar la pérdida de salud poblacional en el mundo. Este proyecto está dirigido por el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME) de la Universidad de Washington (EEUU), que es un centro de investigación independiente implicado en investigaciones de alto rigor. Este tipo de estudio tiene la limitación de que recoge en parte datos retrospectivos; de hecho, se considera que su enfoque es retrospectivo y longitudinal, examinando datos pasados y modelizando tendencias en virtud a esos datos con otros actuales, permitiendo proyectar incluso futuros escenarios.
El artículo publicado en The Lancet Oncology es una parte del estudio GBD del IHME y aporta datos mundiales sobre una de las patologías recogidas en el estudio GBD, el cáncer de mama y aporta datos recogidos en 2023, comparándolos con el periodo previo desde 1990.
La gran cantidad de datos analizados y la rigurosidad del tratamiento estadístico hacen de este, un artículo científicamente muy sólido. Los datos que aporta este estudio son parámetros muy importantes para saber cómo afecta el cáncer de mama a la población y además los compara por países o grupos de países.
Para entender el artículo es importante manejar los conceptos que explica:
- La incidencia (frecuencia de diagnósticos nuevos de cáncer de mama en un periodo de tiempo) está explicada ajustada a un rango de edad, el concepto sería ‘Tasa de incidencia ajustada (estandarizada) a la edad’ (ASIR, por sus siglas en inglés). Cuanto más alto, quiere decir que se diagnostican más canceres de mama.
- El segundo concepto es la mortalidad ajustada también a la edad (AMIR), que se define por sí misma.
- Por último, el DALY es una medida de cuanto daño hace una enfermedad a la población. Es el número de años que se pierden por haber fallecido precozmente por la enfermedad + el número de años que se vive con ‘discapacidad’ —es decir, los años en que la persona, por los síntomas o toxicidades, no puede actuar o trabajar normalmente—. Así, si una paciente se diagnostica a los 45 años de un cáncer de mama y desde los 48 hasta los 51 años vive, pero con poca calidad de vida y finalmente muere a los 51 años, los DALY serían los 3 años viviendo con discapacidad + X años por una muerte precoz restando la edad de fallecimiento con la esperanza de vida de ese país (si fuera 81 años serian +30 años potenciales de vida perdidos).
Además, el estudio recoge la causalidad de qué factor de riesgo ha podido impactar más en la perdida de DALYs.
Las conclusiones del trabajo son muy provocativas.
En 2023 se estima que se diagnosticaron 2,3 millones de nuevos casos de cáncer de mama y unas 764.000 muertes. EL cáncer de mama fue la principal causa de años potenciales de vida perdidos o años vividos con discapacidad (DALY). La estimación de DALYs fue de 24,1 millones de años.
Sin embargo, existen claras diferencias entre los diferentes países del mundo:
- En los países poco desarrollados o países pobres, la incidencia (ASIR) es más baja pero la mortalidad es más alta, reflejando la importancia que el screening mamográfico, el acceso a los tratamientos y la calidad del sistema sanitario pueden llegar a tener en la salud de la población. El problema es llamativo pues la incidencia (ASIR) en estos países pobres se ha disparado desde 1990 hasta 2023, aumentando en un 147 %. Además, la mortalidad (ASMR) en los países pobres también aumentó en un 99,3 % así como los DALYs.
- En los países más ricos o desarrollados, la incidencia es prácticamente estable (un incremento medio desde 1990 de solo un 1,2 %), pero lo más llamativo en los países ricos es el enorme descenso en mortalidad (ASMR), habiéndose conseguido una reducción del 29,9 % desde 1990.
Los datos de España aportados en esta publicación hablan muy bien de nuestro sistema sanitario y su estrategia en la lucha contra el cáncer de mama entre 1990 y 2023. A pesar de que, en este periodo, la incidencia en nuestro país se incrementó en un 65,5% más de nuevos casos de cáncer de mama (quedando la tasa de incidencia en 65 casos nuevos por 100.000 habitantes y por año), la buena noticia en nuestro país es que, en cambio, la mortalidad disminuyó en un 41,9% menos en ese mismo periodo. Este descenso es incluso superior a la media de disminución de los países ricos. Que haya muchos más casos nuevos y, aun así, caiga casi un 42 % la mortalidad en un mismo periodo de tiempo es un gran hito sanitario por el que deberíamos felicitarnos (véase la tabla de la página 309 de la publicación).
Estos datos marcan una clara diferencia en la evolución de esta enfermedad dependiendo del país y situación socioeconómica de este en el manejo de esta enfermedad. Este estudio ratifica que el esfuerzo sanitario realizado en países europeos, España incluida, impacta positivamente en la salud de la población.
Además, el estudio establece una relación entre factores de riesgo e impacto en términos de tasas de DALY: los factores dietéticos, el tabaco y los niveles altos de glucosa en plasma fueron los factores que justificaron un impacto de un 28,3% en los DALYs (es decir, estar expuesto a estos factores aumenta el riesgo de años de vida perdidos o vividos con discapacidad por un cáncer de mama en un 28,3%). Otros factores como la obesidad, la elevada ingesta de alcohol o el sedentarismo también impactan, aunque en menor medida.