Autor/es reacciones

Alba María Mármol Romero

Doctoranda y contratada en el grupo de investigación SINAI de la Universidad de Jaén

La revisión encaja bien con la evidencia actual sobre el uso de la inteligencia artificial en la salud mental y resulta especialmente útil para enmarcar las aplicaciones de la IA en todo el proceso asistencial. El artículo identifica cuatro fases clave en las que la IA puede desempeñar un papel: detección temprana de cambios en el comportamiento o el estado emocional; apoyo al diagnóstico mediante el análisis de datos complejos, como el lenguaje, los patrones de comportamiento o las señales digitales; tratamiento mediante la asistencia en la toma de decisiones clínicas o la personalización de las intervenciones; y cuidados posteriores mediante la supervisión a largo plazo y la prevención de recaídas. Este marco ayuda a aclarar tanto las oportunidades realistas de la IA como sus limitaciones actuales.    

Es probable que no todas las personas se beneficien por igual de las herramientas basadas en la IA en el ámbito de la salud mental. Su utilidad depende de factores como el tipo y la gravedad de la afección, la edad, el contexto social y la alfabetización digital. Además, la aplicación de la IA en este campo exige especial precaución dada la sensibilidad de los datos sobre salud mental, el riesgo de sesgos y la posibilidad de respuestas inadecuadas o perjudiciales en situaciones vulnerables. Por estas razones, la IA debe entenderse como una herramienta complementaria y no como un sustituto del juicio clínico humano, y su implementación debe estar respaldada por una validación rigurosa, una supervisión profesional y marcos éticos y normativos sólidos. 

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