Alejandro Pérez Fidalgo
Médico del servicio de Oncología y Hematología del Instituto de Investigación Sanitaria Clínico Valencia (INCLIVA), Hospital Clínico Universitario de Valencia y miembro de los grupos de trabajos Largos Supervivientes y de Adolescentes y Adultos Jóvenes de la Sociedad Española de Oncología Médica
Es un hecho que la incidencia de cáncer de mama está aumentando y de forma muy preocupante en personas jóvenes.
Desconocemos en realidad de forma directa cuál es la causa, aunque la hipótesis más sólida son cambios en los hábitos de vida o en la exposición a agentes carcinogénicos como los productos químicos.
La relación entre determinados productos químicos y el cáncer de mama se ha estudiado desde hace décadas, pero es muy difícil establecer una relación causal directa y decir si estas personas han enfermado por la exposición a este agente.
Por ello, este es un artículo muy relevante y de interés, desde mi punto de vista. El artículo ha cruzado y relacionado datos de diferentes bases y agencias estadounidenses con componentes químicos que podrían inducir la aparición de un cáncer de mama o de hacer que este fuera más agresivo.
La limitación fundamental del estudio es que no permite establecer una clara causalidad de forma directa, pero sí genera una hipótesis de gran fortaleza. Por ejemplo, para identificar los componentes químicos relacionadas con el cáncer de mama elaboraron un listado basado en experimentos en ratones (in vivo) o en estudios de laboratorio (in vitro) que hubieran demostrado o establecido una relación alta entre un componente químico y el cáncer de mama. De este listado, basado en datos de varias agencias estadounidenses, identificaron 921 productos químicos potencialmente causantes de cáncer de mama.
Con este listado el siguiente paso fue acceder a otra base de datos en la que buscaron esos mismos componentes y establecieron dónde se habían identificado, si en la comida, en la bebida, en el aire, en los pesticidas, en los productos farmacéuticos y hasta en materiales de construcción que usan en EE.UU.
Finalmente, accedieron a una tercera base de datos de la agencia NHANES (US Center for Disease Control’s National Health and Nutrition Examination Survey). Esta agencia había realizado un estudio de componentes químicos en sangre y orina de múltiples personas sanas en EE.UU.
Así que, sin poder establecer una clara causalidad directa, los autores han podido generar una fuerte hipótesis de qué agentes podrían producir un cáncer de mama y de dónde proceden.
Para llegar a esta hipótesis han establecido la siguiente estrategia: si hay un listado de productos químicos (921) que se han visto en diferentes experimentos que podrían provocar o inducir un cáncer de mama, vamos a estudiar las fuentes de exposición de esos componentes químicos. Es decir, dónde se han encontrado en el ambiente y ver si están presentes en la comida, el agua, la tierra, los fármacos, los pesticidas, etc., a los que la población está expuesta en su día a día. Además, mediante una modelización matemática se ha realizado una predicción de la exposición media a estos componentes. Esto lo han hecho analizando las bases de datos que estudian la presencia de estos componentes químicos en el medio ambiente. Y, finalmente, si se encuentran esos productos químicos en el ambiente, utilizan la base de biomonitorización de productos químicos del NHANES para ver si se han encontrado en la sangre y en la orina de las personas.
De esta forma, sin relacionar directamente en un experimento directo que tal agente ha producido la enfermedad en tales personas, las informaciones cruzadas de estas tres bases de datos establecen una fuerte hipótesis de qué productos químicos y qué fuentes a las que nos exponemos podrían ser causantes de un cáncer de mama.
Esto es de gran importancia para poder realizar recomendaciones de salud pública y reducir aquellos componentes químicos más frecuentes o que aparecen en una concentración mayor, y evitar la exposición a la población global.
En el estudio, efectivamente, se encuentran productos químicos posiblemente relacionados con el cáncer de mama, ya sea por su acción endocrina (estimulación hormonal que induce aumento del riesgo de cáncer) o por genotoxicidad (daño en el ADN celular que también produciría cáncer).
En particular, de los 921 componentes estudiados se encontraron que las fuentes de exposición más frecuentes eran los productos de consumo habitual (500 agentes químicos), pero también se encontraron 485 de estos agentes químicos en pesticidas y 462 en alimentos y bebidas (productos de la dieta). Pero es que hasta en el agua se encontraron 162 productos químicos.
En la predicción matemática de cuáles son los agentes a los que más se expondrá la población elaboraron una lista de 50 productos químicos en la que destaca el etanol, es decir, el alcohol etílico de las bebidas alcohólicas, como el más frecuente. En el listado se incluyen componentes de la industria de los plásticos, pesticidas, productos de limpieza y productos farmacéuticos, entre otros. Entre estos está un producto ya conocido por haberse estudiado su posible impacto en la salud, como es el Bisfenol A.
De forma llamativa, los autores han identificado igualmente qué 19 productos del listado estaban presentes en alguna medida entre los 200 fármacos más prescritos en EE.UU. en el 2023.
Finalmente, cuando se analizaron las muestras de sangre y orina de la base del NHANES seis de los componentes químicos carcinógenos, aparecieron en más del 90 % de las muestras de sangre y varios más en más del 95 % de la orina de los pacientes analizados.
Entre los productos químicos más llamativos estaban pesticidas organofosfatados como el malatión o el DDT, un producto prohibido en Estados Unidos.
No obstante, la principal limitación es que encontrar esos productos químicos en el ambiente y en la sangre no quiere decir necesariamente que vayan a provocar cáncer de mama.
Las concentraciones de dicha exposición y la predisposición personal juegan un papel fundamental. Por lo tanto, no debemos alarmarnos. Es cierto, estamos rodeados de cientos de compuestos que podrían afectar a nuestra salud, pero eso no quiere decir necesariamente que vayan a producirnos un cáncer.
El estudio no demuestra de forma directa que esos productos hayan causado cánceres. Sin embargo, sí nos hace pensar que igual sería mejor reducir la exposición a dichos componentes. De hecho, los autores recomiendan tomar medidas sanitarias de diferentes formas para reducir esta exposición.
Intentar minimizar la presencia y la exposición a dichos componentes debe ser una tarea de salud pública de los gobiernos y las agencias de salud. Por eso este artículo es tan relevante. Establece fuentes de componentes químicos y demuestra exposiciones a dichos agentes que podrían ser causa de cáncer, por lo que recomendar reducir o controlar esta exposición a la población debería ser tarea de las autoridades sanitarias.
Este estudio muestra que quizás el establecimiento de políticas de control y reducción a la exposición a tantos agentes químicos debería ser mucho más prioritario de lo que está siendo. Tenemos que concienciarnos y concienciar a nuestro gobiernos y autoridades sanitarias sobre la importancia de intentar reducir la exposición a la gran nube de químicos en la que vivimos. De hecho, si la exposición a estos agentes químicos continúa aumentando, podría constituir un grave problema de salud pública.
En cierto modo este estudio no puede responder, pero sí que genera la pregunta de si la exposición a tantos químicos podría estar detrás del aumento de diagnósticos de cáncer identificados en la última década.