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Carlos Alberto Cordente Martínez

Profesor titular de la Universidad Politécnica de Madrid en la facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte – INEF

Desde luego, la investigación —que puede considerarse de alta calidad— introduce dudas donde, aparentemente, no las había. Según señala, apenas entre uno y tres años tras el inicio del tratamiento hormonal existe una clara convergencia del rendimiento funcional de las mujeres transgénero con el de las mujeres cisgénero, particularmente en fuerza y capacidad aeróbica. Como mínimo, esto debería llevar a replantear determinados posicionamientos maximalistas en el ámbito del deporte de competición. 

Por otro lado, conviene subrayar las importantes limitaciones del estudio, relativas fundamentalmente al escaso número de atletas transgénero en el deporte de élite, lo que dificulta que este tipo de trabajos alcancen la potencia estadística necesaria para ofrecer resultados categóricos. Por tanto, es necesaria más investigación. 

El problema, desde mi punto de vista —más propio de un técnico de terreno que de un científico, aunque haya participado en investigaciones sobre este tema—, se sitúa más en el plano social que en el fisiológico. Desde las federaciones deportivas no se trabaja suficientemente en políticas de inclusión de personas transgénero en la competición, lo que ahonda en la desazón que puedan sufrir estas personas, con consecuencias impredecibles para su salud mental. La ciencia aún tardará en resolver este asunto; sin embargo, hay jóvenes que están perdiendo su oportunidad de competir y se sienten discriminados por ello. 

Por ello, más allá de la necesidad de seguir investigando, creo que resulta urgente explorar fórmulas de participación para deportistas transgénero que no atenten contra el principio de ‘igualdad fisiológica’ que, supuestamente, debe regir en el deporte. Puede que en algunos deportes la solución no sea fácil, pero estoy convencido de que en otros no lo es tanto. 

ES