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Carlos Javier Egea Santaolalla

Presidente de la Federación Española de Sociedades de Medicina del Sueño, coordinador del Grupo Sanitario Alianza del Sueño, jefe del Servicio de Neumología y de la Unidad Funcional de Sueño del Instituto de Investigación Sanitaria Bioaraba, coordinador de año SEPAR 2025-2026 de los trastornos del sueño y profesor asociado de la facultad de Medicina de la Universidad del País Vasco

Se trata de una revisión sistemática de todos los artículos publicados, con validez científica, sobre el uso de la melatonina en menores de 7 años, en cualquiera de sus presentaciones. Es un artículo serio, bien estructurado y que responde a las preguntas hechas por los autores. Podríamos sacar varias conclusiones:   

  1. Revela que el uso de melatonina en niños pequeños está aumentando de forma constante durante la última década casi exponencialmente, multiplicando por cinco su uso, desde el año 2009 y sobre todo, después del covid. De hecho, es la sustancia más usada por padres, sin supervisión médica, e incluso, también, de sobredosis farmacológica, en niños menores de 5 años. La mayor parte de los tratamientos no tiene efectos secundarios, aunque se ha descrito algún fallecimiento. En USA, el 90,2 % de las ingestas pediátricas de melatonina fueron accidentales, lo que sugiere que los niños pequeños podrían estar consumiendo la melatonina de sus padres. Esta revisión contribuye a la evidencia de que podría existir un claro problema de salud pública con respecto al aumento de la melatonina no segura en las prácticas en niños pequeños y su uso continuado más allá de las recomendaciones clínicas.  
  2. Ahora bien, en la revisión los estudios considerados como de buena calidad investigados transmiten un mensaje claro: que la melatonina mejora el inicio del sueño en niños con afecciones neurológicas, como el trastorno del espectro autista, pero estos efectos no son claros en niños con un desarrollo normal. Los estudios clínicos descritos hablan de la seguridad de la melatonina para niños y niñas con trastornos neurológicos, similares al espectro autista (TEA), con tratamientos incluso prolongados, entre uno a dos años.    
  3. Solo podemos criticar que en el artículo están incluidos estudios observacionales, de diferentes países con diferentes sistemas nacionales de salud y, por lo tanto, diferentes modos de conseguir la melatonina, y esto hace que los resultados en niños, sanos, obtenidos, en esta revisión, donde parece que no tiene utilidad, podrían no ser reales.     

Estos hallazgos respaldan la práctica clínica de recomendar melatonina para niños pequeños con TEA después, siempre, tras haber evaluado la intervención conductual, bajo, siempre, supervisión médica, pero añade, que no hay evidencia que respaldara esta práctica de tratamiento en niños sin alteraciones neurológicas.  

Esto conlleva mejorar el apoyo de los pediatras y los padres a las prácticas conductuales del sueño, como la reducción del tiempo frente a pantallas durante la noche, rutinas estructuradas para la hora de acostarse, etc.  

Además, dado el aumento de tratamientos y de sobredosis en países sin regulación del fármaco como es nuestro país, nos mueve a que se asigne melatonina como un medicamento con receta y esto podría mejorar las estimaciones de uso, la supervisión médica y la precisión de la formulación. En segundo lugar, es necesario desarrollar recursos para la interrupción del tratamiento que permitan reducir de forma segura el uso de melatonina, a la vez que se promueven hábitos de sueño saludables, a fin de cumplir con las recomendaciones para niños con desarrollo normal.

ES