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Emilio Elizalde

Profesor doctor Ad Honorem, Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC)

La nota de prensa refleja el estudio con exquisita precisión. De todos modos, hay un par de puntos que quizá habrían merecido una mayor claridad, dada la importancia que tienen tanto el artículo como la revista en que aparece publicado. En la nota de prensa, cuando se habla del pulso que se divide en dos, y una de las partes es empujada hacia arriba con la ayuda de un pulso magnético controlado, para luego convertirla en un estado ‘casi no afectado por el campo magnético’, para que pueda caer libremente por gravedad. ¿Cuál es aquí la afectación remanente, en valor numérico o porcentual? ¿Afecta esto a la pretendida caída libre?

Algo parecido ocurre en las conclusiones del trabajo (pág. 5, 2ª columna, al principio), cuando se afirma que ‘hemos confirmado la fase predicha con un alto nivel de confianza’, uno se pregunta enseguida ¿cómo de alto? Creo que esta pregunta se les escapó, probablemente, a los referees del artículo.

El estudio es de buena calidad y la redacción es excelente, empezando por el abstract y la introducción, y terminando por las conclusiones.

Las conclusiones son respaldadas en el trabajo por datos sólidos, bien establecidos y corroborados desde hace años, como queda perfectamente recogido en la bibliografía de la publicación. El trabajo encaja muy bien con la evidencia teórica existente. Este punto es positivo. De todos modos, para no dejar nada en el tintero, tal vez convenga recordar el conocido dicho de que, cuando se lleva a cabo un experimento sabiendo de antemano lo que tiene que salir, resulta más fácil ajustar el resultado. Entiéndase bien, esta es una observación puramente genérica, de ningún modo pretende poner en entredicho el rigor del dispositivo experimental, que juzgo, por lo que se describe, muy bien controlado.

Pero sí que se me ocurre añadir la siguiente situación gedanken [experimento mental]. Imaginemos por un momento que, con el mismo rigor experimental aquí empleado, el resultado hubiese discrepado del teórico, tras haber repasado una y mil veces el dispositivo experimental. ¿Qué habría ocurrido en tal caso?

Finalmente, a primera vista, tal vez cueste determinar cuáles son las implicaciones precisas para el mundo real del importante resultado obtenido. Aunque, de hecho, las tiene, cuando menos indirectamente: confirma una vez más, y de manera brillante, que las teorías fundamentales de la física están firmemente establecidas. Y esta firmeza la podemos trasladar de inmediato al enorme número de aplicaciones que tienen las mismas, a muy diversas escalas y niveles.

El resultado del trabajo nos confirma que estamos pisando tierra firme, incluso cuando nos situamos (siempre y cuando nuestro peso no sobrepase ciertos límites) sobre el esbelto puente que empieza a conectar la gravedad clásica con la física cuántica.

ES