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Emma Thompson

Profesora clínica de Enfermedades Infecciosas y directora del MRC–University of Glasgow Centre for Virus Research, Universidad de Glasgow (Reino Unido)

El actual brote en la República Democrática del Congo y Uganda está causado por el virus Bundibugyo, un miembro de la especie Orthoebolavirus bundibugyoense, estrechamente relacionado con el virus del Ébola (especie Orthoebolavirus zairense).

Hay varias razones para la preocupación.

En primer lugar, los informes de que las pruebas iniciales de ébola realizadas con GeneXpert fueron negativas sugieren que el brote podría haber pasado desapercibido durante algún tiempo, con puntos ciegos diagnósticos tempranos que retrasaron su detección.

En segundo lugar, las infecciones en trabajadores sanitarios son una señal de alarma en cualquier brote por filovirus, ya que indican transmisión no detectada en entornos sanitarios y fallos en las medidas de prevención y control de infecciones.

En tercer lugar, la identificación de casos en Kinshasa y Kampala, a cientos de kilómetros de la provincia de Ituri, muestra que el virus ya se ha desplazado a través de redes de movilidad humana antes de que se lograra una contención completa.

El virus Bundibugyo ha causado dos brotes previamente reconocidos. El primero fue en el distrito de Bundibugyo, en Uganda, en 2007–2008, con 131 casos notificados y 42 muertes, y una letalidad del 34–40%. El segundo fue en Isiro, en la República Democrática del Congo, en 2012, con 38 casos confirmados en laboratorio y 13 muertes, aunque los informes más amplios que incluyen casos probables y sospechosos elevan las cifras totales. Estas tasas son inferiores a las observadas en muchos brotes causados por el virus del Ébola, pero siguen siendo extremadamente graves. La enfermedad por el virus Bundibugyo no es una infección leve.

Existe una vacuna autorizada dirigida al virus del Ébola de la especie Orthoebolavirus zairense (rVSV-ZEBOV). Estudios experimentales en primates no humanos sugieren que rVSV-ZEBOV podría ofrecer cierta protección cruzada parcial frente al virus Bundibugyo, pero no puede asumirse que esto se traduzca en una protección fiable en humanos durante un brote. Las plataformas de vacunas basadas en adenovirus y MVA pueden ofrecer posibilidades más amplias, especialmente en formulaciones multivalentes, pero datos inmunológicos recientes sugieren que algunas plataformas autorizadas o en fases avanzadas siguen generando respuestas principalmente dirigidas contra el virus del Ébola, más que respuestas amplias frente a todos los ebolavirus. En términos sencillos, actualmente no disponemos de una vacuna específica contra el virus Bundibugyo aprobada y lista para el control de brotes, por lo que se necesita investigación urgente adicional.

Lo mismo ocurre con los tratamientos. Las terapias aprobadas basadas en anticuerpos monoclonales como Inmazeb y Ebanga se desarrollaron para la enfermedad causada por el virus del Ébola, no por el virus Bundibugyo, y su eficacia frente a otros ebolavirus no está establecida. Existen anticuerpos experimentales de amplio espectro prometedores, pero aún no sustituyen la detección rápida, la atención de soporte de alta calidad, la prevención y control de infecciones y el rastreo de contactos.

Las prioridades inmediatas son, por tanto, prácticas y científicas: diagnósticos capaces de detectar el virus Bundibugyo, secuenciación genómica rápida, fuerte control de infecciones en entornos sanitarios, circuitos clínicos seguros, rastreo de contactos, participación comunitaria y centros de tratamiento capaces de ofrecer cuidados de soporte de alta calidad. La secuenciación genómica es especialmente importante porque permite confirmar la especie viral, determinar si los casos están relacionados, reconstruir cadenas de transmisión y detectar si el brote se debe a transmisión sostenida entre humanos o a múltiples introducciones.

Este brote también pone de relieve una debilidad persistente en la preparación frente a epidemias. Tendemos a desarrollar herramientas en torno a los patógenos de brote más conocidos, pero los virus más raros como el Bundibugyo también pueden causar enfermedad grave y propagación internacional. Es esencial una inversión sostenida en laboratorios de alta contención, desarrollo de diagnósticos, vigilancia genómica, plataformas de vacunas, terapias y colaboraciones internacionales de investigación. Estas capacidades no pueden improvisarse rápidamente una vez que un brote ya está en marcha.

ES