Idan Shalev
Laura Etzel
Esta oportuna revisión de Albright y Poganik, publicada en Trends in Endocrinology & Metabolism, sintetiza la evidencia procedente de múltiples cohortes longitudinales y medidas de envejecimiento biológico para proponer una hipótesis novedosa y comprobable: que las trayectorias de envejecimiento biológico materno a largo plazo pueden verse influidas por el tiempo disponible para la recuperación posparto entre embarazos, más que por el número de embarazos.
El envejecimiento biológico se refiere a la acumulación progresiva de cambios moleculares, celulares y fisiológicos que deterioran las funciones corporales y aumentan la vulnerabilidad a las enfermedades relacionadas con la edad y a la mortalidad. Por lo general, esto se mide mediante relojes de edad epigenéticos, que son modelos matemáticos basados en los patrones de metilación del ADN. La revisión se basa en un creciente conjunto de pruebas que demuestran que el embarazo se asocia con un envejecimiento epigenético acelerado, seguido de una reversión parcial tras el posparto. Concretamente, se propone el intervalo entre embarazos, definido como el tiempo transcurrido entre el parto y la concepción posterior, como una variable que faltaba para dilucidar la carga biológica del embarazo sobre los resultados del envejecimiento.
La principal contribución de este artículo es la integración de estos hallazgos con la evidencia epidemiológica sobre el espaciamiento entre embarazos, el número de partos y la salud materna. Sin embargo, la evidencia que respalda la hipótesis propuesta de la 'ventana de recuperación' sigue siendo preliminar. Aunque los hallazgos longitudinales sugieren que los embarazos posteriores pueden interrumpir la recuperación de la edad biológica, los estudios no han establecido que los intervalos entre embarazos más cortos provoquen una aceleración persistente del envejecimiento biológico o aumenten la mortalidad a largo plazo a través de este mecanismo. La mayor parte de la investigación existente es, en gran medida, observacional, algunos estudios clave cuentan con muestras relativamente pequeñas y los resultados pueden verse influidos por la edad materna, las circunstancias socioeconómicas, la lactancia materna, el índice de masa corporal, el estrés psicosocial y otros factores.
Existe una distinción importante entre la observación, relativamente bien respaldada, de que los marcadores de la edad biológica cambian durante el embarazo y el posparto, y la hipótesis, aún no comprobada, de que una recuperación insuficiente entre embarazos provoca un envejecimiento biológico acumulativo y duradero. Es importante destacar que los relojes epigenéticos y otras medidas de la edad biológica son biomarcadores indirectos, desarrollados en poblaciones no embarazadas; por lo tanto, los cambios relacionados con el embarazo pueden reflejar una remodelación fisiológica normal y adaptativa, más que un daño celular acumulado o un envejecimiento irreversible. Por lo tanto, los resultados no deben interpretarse como una demostración de que el embarazo envejece permanentemente a las mujeres, de que los embarazos muy seguidos aceleran necesariamente el envejecimiento o de que un intervalo concreto entre embarazos previene el envejecimiento biológico. Más bien, esta revisión ofrece un marco convincente para futuras investigaciones longitudinales que examinen si las trayectorias de recuperación posparto predicen la salud posterior y si hay factores modificables que puedan mejorar la recuperación materna.