Jordi Oliver i Solà
Este estudio refuerza uno de los principios fundamentales del ecodiseño; los impactos ambientales de un producto, servicio o evento han de abordarse ya en la fase de diseño, cuando todavía es posible modificar las decisiones que condicionarán su huella ambiental.
En el caso de los eventos, la parte más importante de las emisiones procede de los impactos indirectos, principalmente de los desplazamientos del público. Por ello, si se quiere reducir la huella ambiental de un evento, es fundamental considerar la ubicación, el número de sedes, su duración, el calendario, la accesibilidad mediante transporte público y la procedencia prevista de los asistentes.
El artículo muestra que medidas como incentivar el transporte ferroviario o compartido, seleccionar ubicaciones más accesibles, concentrar los eventos o replantear su escala y formato, son capaces de reducir significativamente las emisiones.
Sin embargo, la aplicación efectiva de las medidas que sugiere el artículo requerirá, muy probablemente, cambios importantes en la manera en que se diseñan y organizan determinados grandes eventos. La responsabilidad de reducir la huella ambiental de un evento no debería trasladarse exclusivamente a los asistentes, sino en especial a los organizadores, que son los que tienen la capacidad de incorporar estos criterios desde el inicio y de crear las condiciones necesarias para que las alternativas de menor impacto sean también las más fáciles y atractivas.