José-Miguel Carretero Díaz
Catedrático de Paleontología y director del Laboratorio de Evolución Humana de la Universidad de Burgos
"Desde principios de este siglo, por redondear, la bipedestación ha dejado de ser uno de esos rasgos ‘mágicos’ que definía a los homininos (los humanos y nuestros antepasados fósiles). Los descubrimientos de Ardipithecus ramidus (4.5-4.3 m.a) y Ardipithecus kadabba (5.8-5.2 m.a), y su inclusión como parte de nuestro grupo, han demostrado que la bipedestación ortógrada, terrestre y obligada solo aparece algunos millones de años más tarde con la emergencia de los famosos Australopithecus, alrededor de los 3.9 m.a. En estos últimos, encontramos, de la cabeza a los pies, todas las transformaciones anatómicas necesarias para ser un bípedo ortógrado, habitual, obligado y eficiente.
Ardipithecus tan solo era un bípedo facultativo, es decir, un cuadrúpedo arbóreo que tenía la facultad de moverse en tierra sobre las dos piernas con cierta soltura, cosa que hacía tan solo de manera ocasional. Por cierto, que muchos primates y, sobre todo, nuestros parientes más próximos, orangutanes, gorilas y chimpancés, tienen esa misma facultad y la ejercen también con cierta soltura de manera ocasional. Ardipithecus sería un bípedo facultativo más al que, eso si, hay que concederle ciertos cambios anatómicos a nivel de su cadera que seguramente le permitía ser algo más eficiente que los tres grandes simios. Esto debió de ser una ventaja adaptativa que la selección natural no dejó pasar sin más y por eso estamos hoy aquí. A esto hay que añadir que la idea de que “la bipedestación surgió solamente una vez y de que solo hay un tipo de bipedestación” no parece que se ajuste a lo que conocemos del registro fósil, ni tampoco a lo que cabe esperar desde el punto de vista evolutivo, donde, ante un nevo nicho ecológico, la selección natural suele generar distintas posibilidades adaptativas de las que, con el tiempo, pueden quedar muchas, pocas o directamente ninguna.
La discusión pues ya no es ‘bípedo vs no bípedo’, sino ¿qué tipo de bipedestación podrían tener Ardipithecus y otros posibles homininos como Orrorin tugenensis (6 m.a) o Sahelanthropus tchadensis (7 m.a). Desgraciadamente, los restos del esqueleto poscraneal de estas dos últimas especies son tan escasos que hace muy difícil abordar o arrojar luz sobre esta cuestión”.
¿El estudio se apoya en datos y métodos sólidos?
“Desde su descubrimiento, los estudios de los tres restos poscraneales de Sahelanthropus (dos ulnas y un fémur muy fragmentados) han estado sometidos a fuertes polémicas, desde su asociación dudosa con el propio cráneo, hasta los detalles de su anatomía o la pertenencia a un mismo individuo.
En mi opinión, el trabajo que se presenta es loable en cuanto a que intenta poner de manifiesto e interpretar diferencias morfológicas muy sutiles en restos muy fragmentados y alterados. Este es el trabajo de los paleontólogos, sacar chispas a restos escasos y mal conservados. Para ello, los análisis de morfometría geométrica son una metodología potente y siempre útil, y los modelos de regresión son apropiados para hacer ciertas estimaciones. Sin embargo, una cosa es poner de manifiesto sutiles diferencias entre los especímenes fósiles y otra hacer interpretaciones funcionales, del comportamiento locomotor y evolutivas de calado y que exceden, a mi juicio, lo que realmente se puede extraer a partir de esas sutiles diferencias. En este trabajo, esas interpretaciones son, cuando menos extremadamente arriesgadas y a veces contradictorias. Por ejemplo, el título general y el corto que encabeza el trabajo no deja lugar a dudas: “Sahelanthropus era bípedo” [en castellano]. Sin embargo, a lo largo del trabajo y en la discusión los autores dejan claro que en realidad Sahelanthopus era muy probablemente un habitante de la foresta con un variado repertorio locomotor (gateo vertical, braquiador, cuadrúpedo sobre las ramas, cuadrúpedo terrestre …), al igual que Ar. Ramidus, según ellos. Es decir, otro bípedo facultativo y ocasional más.
Por eso el título del trabajo me parece una temeridad y da la impresión de estar pensado más como titular de prensa de cara al gran público, que como un reflejo de la realidad basada en los datos que se exponen”.
¿Cómo encaja con trabajos previos? ¿Qué novedades aporta?
“Las evidencias anatómicas que se presentan no son, a mi parecer, lo suficientemente sólidas como para apoyar las tajantes conclusiones del estudio sobre la bipedestación, o el modo de locomoción de Sahelanthropus. Tengo la impresión de que se está retorciendo la anatomía para que encaje en ideas preconcebidas. Las conclusiones de este estudio son claras, “los huesos de las extremidades de Sahelanthropus son similares a los de un chimpancé” al igual que su hábitat y repertorio locomotor, y a esta misma conclusión llegan otros autores en trabajos previos sobre estos mismos restos.
En este sentido, el trabajo no me parece que aporte demasiada claridad al problema, ya que viene a confirmar lo que ya se había dicho. El nuevo rasgo que según los autores ‘demuestra’ adaptaciones para la bipedestación, es un pequeño ‘bulto’ que se aprecia en una superficie erosionada y fragmentada próxima a la fractura proximal del hueso. Se alega que este ‘tubérculo’ demuestra la presencia de un ligamento iliofemoral similar al humano, y por tanto que Sahelanthropus era bípedo. Sin entrar en detalles, incluso en los Australopithecus posteriores en el tiempo, que muestran todas las adaptaciones esqueléticas de un bípedo eficiente, se discute si este ligamento tenía la misma configuración que en nosotros y si por tanto su función era la misma”.
¿Hay limitaciones importantes que haya que tener en cuenta?
“Además del nuevo ‘tubérculo’, los rasgos que se mencionan como característicos de la bipedestación (proporciones intermembrales, torsion del fémur, ángulo bicondilar …) están basados en estimaciones y asunciones que no se justifican, más allá de la opinión o preferencia personal que cada uno pueda tener. Por eso, este trabajo me parece más una declaración de intenciones y de opiniones, que un set de datos que demuestre lo que se pretende según el título. La reconstrucción de las partes que faltan, la variación intra e interespecífica o las inferencias funcionales a partir de morfologías similares son desafíos siempre sometidos a discusión, revisión y mejora. Todos los rasgos que se apuntan como exclusivos de la bipedestación han sido discutidos en detalle por diversos autores y la conclusión es que no son lo suficientemente informativos como para establecer un modelo locomotor claro de Sahelanthropus. La conclusión final del presente trabajo es que sería, por asimilación, algo parecido al modelo de Ardipithecus.
En palabras del primer autor Scott Williams: “Sahelanthropus tchadensis era esencialmente un simio bípedo …. que probablemente pasaba gran parte de su tiempo en los árboles, buscando alimento y refugio” [en castellano]. A mi juicio, debería decir que Sahelanthropus es, esencialmente un primate arbóreo, habitante del bosque y, como muchos otros hominoideos, incluyendo los grandes simios, ocasionalmente un bípedo falcultativo sobre el suelo. Está por ver si igual de eficaz que un chimpancé, que Ardipithecus o que un Australopithecus.
Además, hay otras limitaciones más de fondo y todavía se necesitan avances en distintos frentes. El primero de todos, disponer de un mejor registro fósil, claro. Pero también, por ejemplo, una mejor comprensión de los modelos locomotores y posturales en los primates no-humanos, un mejor entendimiento de cómo la morfología del hueso refleja los distintos modos locomotores, dificultades para evaluar la proporción de los diferentes repertorios locomotores en los primates o el reto de reconstruir una bipedestación diferente a la nuestra que no tildemos de ‘imperfecta’”.
¿Qué relevancia tiene este estudio en la práctica?
“No hay que negar la importancia de este registro fósil y que su conocimiento puede arrojar luz sobre el origen de la bipedestación, pero en la práctica, este trabajo no aporta evidencias contundentes y defendibles que puedan generar consenso entre los especialistas”.
Hay debate en esta área de investigación. ¿Este estudio lo resuelve?
“Desde luego, a mi juicio, no resuelve en absoluto el debate del origen de la bipedestación porque en realidad y, desgraciadamente, los restos encontrados hasta ahora no son lo suficientemente informativos y de ahí, las polémicas y debates que suscitan. Si los mismos fósiles sirven para decir una cosa y la contraria, es que seguramente son insuficientes”.