Marcos Pérez Maldonado
Vimos el eclipse en el paseo marítimo de A Coruña, en la Domus, con un grupo de trabajadores y trabajadoras de los museos científicos, algunos familiares también, siguiendo esa máxima de que la mejor forma de disfrutar de este fenómeno es con amigos, con la familia, con los compañeros de trabajo, viviendo la experiencia social de compartir un momento excepcional. Las primeras impresiones son que, si bien es cierto que había algunas nubes que nos privaron de la vista de la corona solar y también de la aparición de las estrellas y de algunos planetas, al menos, los más brillantes, la verdad es que ha sido una experiencia formidable, muy emocionante, sobrecogedora. No tengo adjetivos. Está muy por encima de mis expectativas y, en general, ese fue el comentario también de muchos compañeros y compañeras que lo veían por primera vez.
Lo que me ha llamado mucho la atención es la velocidad a la que se cambiaba la luz en la fase final del eclipse parcial. Los últimos cinco minutos de parcialidad fueron espectaculares, hay una caída dramática de la luz, hay un cambio en los colores del aire. Tenía la sensación de que iba a bajar bastante la temperatura y estuve en manga corta todo el rato para experimentar ese cambio. Ha llegado a la totalidad y ha sido formidable, una auténtica maravilla, como si alguien engullera al Sol. Entendí perfectamente todos esos mitos de las antigüedades, de gente que pensaba que moría el Sol o que era robado por alguien, o que algún monstruo, alguna fiera lo devoraba y pienso que también parte de ese miedo atávico lo experimenté yo.
Hice una grabación de audio de esos minutos previos a la totalidad y hay una explosión de exclamaciones, de gente silbando, gritos, aplausos... Tendré que escucharlo con más calma para crear ese recuerdo con más concreción, pero parece un recuerdo difícil de convertir en palabras.
Hay una reflexión clara: hoy vivimos un espectáculo de la naturaleza, es un fenómeno natural que tiene esta dimensión dramática y excepcional, que lo hace impresionante, pero no es el único. Las perseidas, como las que tenemos esta noche, las auroras boreales, las grandes nubes de tormenta, los atardeceres... Hay una lista de fenómenos bellísimos, pero que la vida en la ciudad, con la mirada hacia abajo, las pantallas de los móviles, nos provoca esa desconexión gradual que tenemos con la naturaleza. El fenómeno de hoy igual nos ayuda a pensar que tenemos que reconectar con los espacios naturales, pero también con los fenómenos de la naturaleza y este recuerdo creo que va a ser una ayuda para esa reconexión.
Tengo los ojos llenos de belleza, el corazón lleno de impresiones y, como las perseidas duran varios días, mañana con más calma buscaré un espacio lejos de la ciudad para gozar de estos otros fenómenos que también son maravillosos.