José Pablo Miramontes González
Médico internista en el servicio de Medicina Interna del Hospital Río Hortega (Valladolid)
La lipoproteína(a), o Lp(a), es una partícula que circula por la sangre, similar al colesterol LDL, cuyos niveles dependen fundamentalmente de la genética. Sabemos desde hace años que las personas con concentraciones elevadas tienen un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, como el infarto de miocardio o el ictus, incluso cuando sus niveles de colesterol están bien controlados. Por ello, existían grandes expectativas sobre los nuevos tratamientos capaces de reducirla.
El estudio Lp(a)HORIZON es un ensayo clínico de gran calidad, con más de 8.300 pacientes y un seguimiento de casi cinco años. Sus resultados son, sin embargo, un tanto decepcionantes. Aunque pelacarsen consiguió reducir los niveles de Lp(a) aproximadamente un 73 %, esta reducción no se tradujo en una disminución de los eventos cardiovasculares. Las complicaciones cardiovasculares estudiadas aparecieron prácticamente con la misma frecuencia en los pacientes tratados que en los que recibieron placebo. Este resultado es importante porque nos recuerda que reducir un marcador de riesgo en un análisis de sangre no significa necesariamente reducir el riesgo de sufrir una enfermedad. Nos invita a pensar en un abordaje global de todos los factores de riesgo vascular.
No obstante, y creo que es importante, el estudio no cuestiona la evidencia que relaciona la Lp(a) con el riesgo cardiovascular, ni significa que debamos abandonar su medición. Conocer sus niveles sigue siendo útil para identificar pacientes de mayor riesgo y reforzar el control de otros factores, especialmente el colesterol LDL.
Una limitación es que el ensayo se realizó en pacientes que ya tenían enfermedad cardiovascular, por lo que no podemos extrapolar directamente sus resultados a personas sanas con Lp(a) elevada. Tampoco podemos descartar que otros tratamientos, mecanismos o estrategias de intervención más temprana puedan ofrecer resultados diferentes.
En definitiva, supone un revés importante para las expectativas depositadas en pelacarsen, pero no necesariamente el final de las estrategias dirigidas a la Lp(a). Lo que queda claro es que cualquier nuevo tratamiento deberá demostrar que, además de reducir sus niveles, mejora realmente el pronóstico de los pacientes.