Robin Mesnage
Investigador visitante del King’s College de Londres
Me ha gustado leer el estudio; se trata de un trabajo innovador con análisis minuciosos. Su valor científico es evidente. Utilizar la metilación del ADN como indicador de exposiciones pasadas es un enfoque interesante e innovador. Los autores también intentan replicar sus hallazgos en diferentes cohortes y conjuntos de datos, lo cual es esencial.
Sin embargo, una cosa es realizar un brillante estudio científico y otra muy distinta es que este tenga el peso suficiente como para cambiar la evaluación de riesgos de los plaguicidas. El valor para las evaluaciones regulatorias está menos claro. Este estudio muestra asociaciones, no causalidad. Este es un punto clave. La señal para el picloram es interesante, pero la exposición no se midió directamente en los sujetos. Por lo tanto, no podemos concluir que el picloram cause estos cánceres.
Además, debemos tener en cuenta la naturaleza de la propia sustancia. No se ha encontrado que el picloram tenga propiedades carcinógenas en las pruebas regulatorias. Sin embargo, históricamente solía estar contaminado con sustancias carcinógenas como el hexaclorobenceno. Es posible que cualquier efecto observado se debiera a esta contaminación y no al picloram en sí, un problema que debería haberse resuelto en gran medida en la fabricación moderna. Siempre es importante recordar que las exposiciones en el mundo real no solo implican el ingrediente activo, sino también los coformulantes y los posibles contaminantes.
En general, se trata de un estudio fascinante y bien realizado que plantea una hipótesis plausible. No obstante, se necesita más trabajo, concretamente con datos de exposición directa y diseños longitudinales, antes de establecer afirmaciones causales.