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Stephanie Jurburg

Subdirectora del Grupo de Ecología de Interacciones Microbianas del departamento de Ecología Microbiana Aplicada del Centro Helmholtz de Investigación Medioambiental (Alemania)

Conocemos mejor las estrellas del universo que los microbios que hay bajo nuestros pies. En las últimas dos décadas, se ha producido una revolución en nuestra comprensión de las bacterias gracias a las nuevas tecnologías de secuenciación, pero este conocimiento se limita a detectar la presencia de organismos o sus genes en el medioambiente, y su caracterización es, en el mejor de los casos, incompleta. La gran mayoría de estos organismos nunca se ha observado directamente, y cómo funcionan realmente sus genes en el medio ambiente sigue siendo en gran medida un misterio. Al mismo tiempo, cada vez está más claro que los microbios existen en comunidades altamente interconectadas e interdependientes, que no pueden separarse fácilmente en un laboratorio. En consecuencia, la mayoría de las técnicas disponibles no logran predecir si los microbios sobrevivirán, se establecerán e interactuarán en entornos naturales. Desregular la liberación de GMM y reducir la vigilancia en este contexto de incógnitas es peligroso. 

La liberación de GMM es una cuestión ecológica. Todavía no comprendemos cómo se dispersan los microbios en el medioambiente y la investigación sigue descubriendo los sorprendentes mecanismos que emplean los microbios para desplazarse (por ejemplo, bacterias que se adhieren a hifas fúngicas para propagarse). Por lo tanto, no es posible predecir hasta qué punto se propagarán los GMM más allá del entorno previsto. Todas las modificaciones genéticas presentan riesgos, pero estos no son iguales, y la propuesta actual pasa por alto esta distinción. Las modificaciones de los elementos genéticos móviles (MGE) tienen el potencial de 'saltar' a otros microbios, pero continuamente se descubren nuevos mecanismos para este intercambio. Incluso si las modificaciones se realizan en los cromosomas microbianos, que evolucionan más lentamente, la evolución microbiana puede producirse en cuestión de días, afectando drásticamente a la función prevista de los genes.  

Por ejemplo, la oxidación del amoníaco (implicada en la nitrificación, un objetivo de los GMM actuales) y la oxidación del metano (utilizada por las bacterias metanotróficas para convertir el metano en dióxido de carbono) comparten un origen evolutivo común. Esto significa que, en algún momento aleatorio del pasado, la evolución alteró drásticamente la función de estos genes, con graves consecuencias para lo que esas bacterias hacían en el medio ambiente: algunas fijaban nitrógeno y otras consumían metano. Dado nuestro conocimiento actual, no es posible garantizar que no se produzcan transiciones similares con los GMM, especialmente porque se sabe que los genes a los que se dirigen han evolucionado hacia otras funciones en el pasado. Teniendo en cuenta estas incógnitas, la difusión espacial y evolutiva de la 'propiedad intelectual' requiere un marco regulatorio detallado y respaldado empíricamente que aún no existe. 

Los suelos son extremadamente diversos y la mayoría de las capacidades genéticas deseadas ya están presentes en la mayoría de los suelos, aunque en bajas concentraciones. Esto pone en tela de juicio cuál es, en primer lugar, la necesidad de los GMM. La desregulación de los GMM, especialmente para aplicaciones agrícolas, pasa por alto la investigación existente sobre inoculantes microbianos –las funciones de los microbios inoculados se estabilizan rápidamente porque las reacciones químicas que se espera que lleven a cabo, como la nitrificación, son energéticamente costosas; o porque los microbios se enfrentan a la competencia y la depredación de los organismos locales–. Desde esta perspectiva, es poco probable que los GMM tengan éxito. La falta de requisitos de seguimiento en la legislación actual puede dar lugar al desarrollo y la venta de productos cuya eficacia sea mucho menor de lo esperado, lo que reduciría la protección de los consumidores. Por otra parte, en el caso de que tuvieran éxito, esto probablemente se produciría mediante el desplazamiento masivo de la microbiota nativa. Las consecuencias de tal pérdida de biodiversidad son difíciles de predecir, especialmente dado que los ecosistemas se enfrentan a presiones cada vez más agravadas por el cambio climático, y en este caso, la reducción de los requisitos de control podría ocultar consecuencias medioambientales no deseadas.

ES