Víctor Lanchares
El eclipse lo vi provisto de gafas, prismáticos y telescopio en un parque cercano de Logroño, a apenas 10 minutos andando desde casa, acompañado de familia, amigos y vecinos de la zona que eligieron este lugar como punto de observación.
El telescopio nos permitió ver el primer contacto y el comienzo del eclipse antes de que lo notaran los que solo observaban con gafas. Seguimos el avance de la Luna por el disco solar, alternando el telescopio y la visión directa con gafas. Por entonces, la gente que nos rodeaba se acercó a mirar a través del telescopio, asombrándose con lo que veían y con las manchas solares, que les llamaron mucho la atención.
Un par de minutos antes de la totalidad, la bajada de la luz anunciaba la llegada del segundo contacto, el más esperado. Todos nos preparamos para ello. Llegó el anillo de diamantes y después la corona solar. Hubo una exclamación general y aplausos. Era el momento de usar los prismáticos. La corona se veía espectacular, así como parte de la cromosfera. Venus brillaba en el cielo. La totalidad duró 80 segundos, que se hicieron un suspiro. Otro anillo de diamantes y nuevos aplausos anunciaban la retirada de la Luna y el final de una imagen y un día para el recuerdo.