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Mª Carmen Hernández

Profesora ayudante doctora del área de Zoología en la Universidad Autónoma de Madrid

La geofagia es un comportamiento que, a pesar de poder resultarnos extraño, está bastante extendido en el reino animal, siendo común en mamíferos, aves, reptiles e invertebrados. Uno de los casos más llamativos es el de los guacamayos y loros en distintos ecosistemas tropicales y subtropicales, que se concentran en barrancos para consumir arcillas ricas en ciertos minerales. En este caso, la ingesta de arcilla tiene como función el aporte de minerales esenciales como el sodio. En otros animales, también cumple funciones relacionadas con la regulación digestiva y la neutralización de compuestos tóxicos. La arcilla, especialmente minerales del tipo caolinita o esmectitas, puede adsorber alcaloides, taninos, fenoles y otras toxinas vegetales. Asimismo, puede actuar como protectora de la mucosa intestinal y como antidiarreico. En primates, la geofagia es un comportamiento ampliamente distribuido y se ha observado en hasta 136 especies. 

En este trabajo se pone de manifiesto, de forma directa, el impacto de la actividad humana sobre la conducta y el bienestar de los animales salvajes. Los investigadores encuentran que la comida de origen humano posiblemente supone un perjuicio para el bienestar digestivo de los animales, provocando un incremento de la geofagia como mecanismo para paliar el malestar gastrointestinal producido por los alimentos procesados. Además, estas presiones antropogénicas podrían estar favoreciendo un fenómeno de transmisión cultural dentro de los grupos sociales de macacos, ya que los distintos grupos exhiben preferencias diferentes por tipos concretos de sustrato.  

Una vez más, queda patente el impacto negativo de las actividades humanas sobre el bienestar de las poblaciones de animales salvajes, lo que debería traducirse en un mayor esfuerzo en educación ambiental y en el desarrollo de políticas eficaces de protección de la biodiversidad. Debemos comprender que, si bien algunas especies muestran una notable capacidad para desarrollar mecanismos compensatorios, como el descrito en este artículo, muchas otras no logran adaptarse a entornos fuertemente perturbados y acaban sufriendo un declive poblacional o, en los casos más extremos, desapareciendo. 

ES