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Elisabet Domínguez

Psicóloga y doctora en farmacología del Hospital de Sant Pau de Barcelona, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Psicodélica (SEMPsi) y coordinadora de la iniciativa Psychedelicare en España

El estudio es, en líneas generales, sólido y está bien alineado con el tipo de investigación que se está haciendo actualmente en neurociencia de los psicodélicos. Combina técnicas avanzadas como el EEG (electroencefalograma) y la resonancia funcional con medidas psicológicas, e intenta algo especialmente relevante: relacionar lo que ocurre en el cerebro durante la experiencia con posibles cambios posteriores en bienestar o insight. Este enfoque es uno de los grandes retos del campo y, en ese sentido, el trabajo aporta valor.  

Ahora bien, como ocurre con muchos estudios de este tipo, hay que interpretarlo con cautela. El número de participantes es relativamente pequeño, algo habitual en estudios de neuroimagen, pero que limita la capacidad de generalizar los resultados. Además, buena parte de las medidas son subjetivas (como el insight o el bienestar), que son importantes clínicamente pero más difíciles de objetivar. También se trata de un contexto experimental bastante controlado y con población no clínica, por lo que no podemos trasladar directamente estos hallazgos a pacientes.  

En cuanto a su encaje con la evidencia existente, el estudio refuerza una idea que cada vez tiene más apoyo: que los psicodélicos no actúan simplemente como un fármaco en el sentido clásico, sino que parecen aumentar la flexibilidad del cerebro y facilitar cambios psicológicos. Sabemos por investigaciones previas que modulan circuitos implicados en la emoción, como la amígdala, y que pueden favorecer procesos como la reevaluación emocional o la generación de nuevas perspectivas. Este trabajo va en esa misma línea, intentando entender mejor los mecanismos que hay detrás. 

Uno de los conceptos que aparece, el de entropía cerebral, puede sonar muy técnico, pero la idea es relativamente intuitiva. Se refiere al grado de variabilidad o flexibilidad de la actividad cerebral. En estados más rígidos (como los que vemos en algunos trastornos mentales) el cerebro tiende a funcionar de forma más repetitiva y predecible. Los psicodélicos parecen aumentar esa variabilidad, lo que podría permitir salir de patrones mentales muy fijados y abrir la puerta a nuevas formas de pensar o sentir. Es una hipótesis interesante y bastante influyente, aunque todavía en desarrollo y no debe interpretarse como un marcador clínico directo. 

En conjunto, el estudio no cambia por sí solo el panorama, pero sí suma evidencia a una idea cada vez más consistente: que estos compuestos pueden inducir cambios cerebrales medibles que, en determinados contextos terapéuticos, podrían facilitar procesos de cambio psicológico. El reto ahora es trasladar este conocimiento a aplicaciones clínicas seguras, eficaces y bien reguladas.

ES