Jeff Lambert
Profesor asociado en Psicología de la Salud en la Universidad de Bath (Reino Unido)
Se trata de una revisión Cochrane bien realizada, que utiliza métodos rigurosos para identificar y analizar la evidencia disponible. Sin embargo, como señalan los autores, sus conclusiones están limitadas por la calidad de los ensayos que incluye. Muchos de los estudios sobre el ejercicio eran pequeños y presentaban deficiencias metodológicas, y cuando el análisis se limita a los ensayos más sólidos, el beneficio aparente del ejercicio para la depresión se reduce, aunque sigue siendo estadísticamente significativo. Existen algunas pruebas que sugieren que el ejercicio puede ser tan eficaz como la terapia psicológica o los medicamentos antidepresivos, pero esta conclusión se basa en un número reducido de estudios y, por lo tanto, conlleva una incertidumbre considerable. La revisión tampoco puede decirnos con certeza si el ejercicio funciona mejor para la depresión más o menos grave, si la eficacia varía según el tipo de ejercicio o si las personas deben pasar de la medicación o la terapia a solo ejercicio.
También es importante señalar que esta revisión se centró principalmente en programas de ejercicio estructurados, a menudo supervisados, que tienden a atraer a voluntarios motivados que están dispuestos y son aptos para participar. Esto limita la aplicabilidad de los resultados a la población general de personas con depresión. La revisión no incluyó intervenciones basadas en consejos sobre ejercicio o apoyo conductual, que son mucho más comunes en la atención rutinaria. Por ejemplo, los autores excluyeron el gran ensayo TREAD del Reino Unido, en el que se asignó aleatoriamente a personas con depresión en atención primaria a recibir la atención habitual o la atención habitual más el apoyo de un facilitador de actividad física. Esto significa que los resultados reflejan los efectos del ejercicio organizado en condiciones de ensayo, en lugar de la eficacia de ayudar a las personas a ser gradualmente más activas en la vida cotidiana de manera acorde con sus objetivos y valores.
En la práctica real, y a falta de estudios más pragmáticos, probablemente sea mejor considerar la actividad física como una opción útil o un complemento de los tratamientos existentes, en lugar de como un sustituto directo de la atención establecida. Todavía se necesitan más estudios de alta calidad que combinen el apoyo conductual con entornos de atención rutinaria.