Félix Guerrero-Ramos
Coordinador de la Unidad de Uroncología en el Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid, y médico en ROC Clinic y HM Hospitales
Este estudio plantea una idea sencilla pero relevante: algunas personas podrían tardar más en detectar un cáncer simplemente porque no perciben bien uno de sus principales síntomas. En concreto, los autores analizan si los pacientes con daltonismo tienen peor pronóstico cuando desarrollan cáncer de vejiga, ya que pueden no identificar la sangre en la orina, que suele ser el primer signo de la enfermedad.
A partir del análisis de una gran base de datos de historias clínicas electrónicas, el trabajo muestra que los pacientes con cáncer de vejiga y déficit de visión cromática presentan una menor supervivencia y un mayor riesgo de mortalidad a largo plazo que aquellos sin este problema visual. La explicación es plausible: el cáncer de vejiga suele debutar con hematuria indolora, es decir, sangre visible en la orina sin otros síntomas. Si una persona no distingue bien el color rojo, puede no percibir ese aviso y retrasar la consulta con su médico.
Resulta especialmente interesante que este efecto no se observe en el cáncer colorrectal. En ese caso, aunque también puede aparecer sangre en las heces, existen programas de cribado bien establecidos y otros síntomas, como dolor abdominal o cambios en el ritmo intestinal, que pueden alertar al paciente. Esto refuerza la idea de que el problema no es el cáncer en sí, sino la dificultad para reconocer un síntoma clave cuando la detección depende casi exclusivamente de la observación visual.
Dicho esto, conviene ser muy prudentes al interpretar los resultados. Se trata de un estudio retrospectivo, basado en registros clínicos, con limitaciones importantes. Muchas personas con daltonismo no están diagnosticadas oficialmente, por lo que el número real de afectados probablemente sea mayor. Además, el estudio no dispone de información detallada sobre el estadio del tumor en el momento del diagnóstico, lo que impide confirmar de forma directa que la peor supervivencia se deba a un diagnóstico más tardío.
En la práctica clínica, estos datos no implican que deban cambiarse de inmediato las recomendaciones de cribado del cáncer de vejiga. Sin embargo, sí invitan a una mayor concienciación. En personas con factores de riesgo, como tener una edad superior a 70 años, consumir tabaco en la actualidad o en el pasado, y trabajar con pinturas industriales, conocer la existencia de un déficit en la percepción del color puede ayudar a darles recomendaciones de cómo interpretar mejor los síntomas (incluso con la colaboración de algún familiar que revise periódicamente la orina del sujeto). En ese sentido, el estudio abre una línea de investigación novedosa sobre cómo determinadas limitaciones sensoriales pueden influir en el diagnóstico precoz del cáncer y, potencialmente, en su pronóstico.