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Rafael Castro Delgado

Doctor en Medicina, profesor titular de Medicina de Urgencias de la Universidad de Oviedo, médico de urgencias (SAMU-Asturias), investigador del Instituto de Investigación Sanitaria de Asturias, coordinador del Grupo de Investigación en Asistencia Prehospitalaria y Catástrofes, director de la Red de Investigación en Asistencia Prehospitalaria y asesor de grupos de trabajo técnico de la OMS relacionados con emergencias y desastres

El accidente ferroviario ocurrido en Adamuz no tiene únicamente consecuencias físicas inmediatas; el impacto emocional puede ser profundo y prolongarse en el tiempo, afectando no solo a las víctimas directas, sino también a sus familias, a los supervivientes y, en menor medida, a la población que utiliza habitualmente el tren de alta velocidad. 

En el caso de los familiares de las personas fallecidas, el duelo suele estar marcado por la brusquedad de la pérdida, la incertidumbre de las primeras horas y, en ocasiones, por una exposición mediática difícil de manejar. Todo ello puede favorecer la aparición de ansiedad, síntomas depresivos o procesos de duelo complicado, lo que hace especialmente importante diferenciar las reacciones emocionales esperables ante una pérdida traumática de aquellas que requieren una intervención psicológica especializada y sostenida en el tiempo. 

Entre los supervivientes, incluso cuando las lesiones físicas han sido leves, no es infrecuente la aparición de reacciones de estrés agudo, recuerdos intrusivos, dificultades para dormir o un miedo persistente relacionado con el viaje. Si estos síntomas no se identifican y abordan de forma precoz, existe el riesgo de que evolucionen hacia un trastorno de estrés postraumático que requiera un tratamiento específico y especializado. 

No tenemos que olvidar a los primeros intervinientes (personal de emergencias médicas, bomberos, policías y voluntarios), los cuales también pueden verse afectados emocionalmente por la magnitud del accidente. La exposición directa a escenas traumáticas, la presión para tomar decisiones rápidas y la sensación de responsabilidad frente a las víctimas pueden generar estrés agudo, ansiedad o dificultades para procesar la experiencia. 

La atención psicológica y el acompañamiento posintervención son fundamentales para prevenir agotamiento, burnout o síntomas de estrés postraumático en estos profesionales, lo que debe de enfocarse desde una perspectiva proactiva por parte de los responsables de los servicios de emergencias mediante la implantación de programas de atención psicológica a profesionales. 

El impacto del accidente se extiende también a los usuarios habituales de la alta velocidad. Tras un suceso de estas características, es comprensible que se produzca una pérdida temporal de la sensación de seguridad y un aumento del temor a viajar. En este contexto, una comunicación institucional clara, rigurosa y transparente resulta clave para reducir la alarma social y recuperar la confianza. 

La experiencia acumulada en la gestión de emergencias pone de manifiesto que integrar de forma adecuada, tanto en forma como en tiempo, la atención psicológica y psicosocial en la respuesta a estos eventos es fundamental para aliviar el sufrimiento y prevenir consecuencias negativas a medio y largo plazo. 

ES