Autor/es reacciones

Laura García Estévez

Jefa del servicio de Oncología Médica y de la Unidad de Mama y jefa de la Unidad Obesidad-Cáncer de Mama

El estudio utiliza métodos robustos de epidemiología genética, incluyendo GWAS, metaanálisis y randomización mendeliana, aunque los propios autores reconocen limitaciones metodológicas, como posibles artefactos estadísticos (winner’s curse, sesgo de selección por edad) y el uso del IMC como marcador imperfecto de adiposidad, aunque es el más fácil y el más común utilizado en la práctica clínica, lo que obliga a interpretar de manera prudente los resultados.

Los hallazgos son coherentes con evidencia previa que identifica la adiposidad prepuberal como un factor protector frente al cáncer de mama. La principal aportación del estudio es el análisis específico del periodo entre la menarquia y los 40 años (los estudios previos recogen mujeres en etapas más tardías, a partir de los 18 años), donde se observa inicialmente un efecto protector del IMC genéticamente determinado. Sin embargo, este efecto se atenúa al ajustar por adiposidad prepuberal, lo que sugiere que la exposición temprana al exceso de tejido adiposo es el determinante principal del riesgo, y que el IMC posterior refleja en gran medida esa historia biológica.

El estudio no justifica promover o aceptar un exceso de peso en etapas tempranas de la vida, ya que la obesidad conlleva múltiples riesgos para la salud. Se trata de un estudio de asociaciones poblacionales, no de determinantes del riesgo individual, y las recomendaciones deben centrarse en hábitos saludables desde edades muy tempranas incluyendo educación nutricional y ejercicio físico para mantener un peso normal a lo largo de toda la vida.

ES