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Tim Riffe

Demógrafo e investigador Ikerbasque del Grupo de Investigación en Determinantes Sociales de la Salud y Cambio Demográfico

Una advertencia importante es que la cifra destacada del 55 % de heredabilidad depende de las decisiones de modelización y de condicionar el análisis a la supervivencia hasta determinadas edades mínimas (en una fuente de datos, ambos gemelos deben sobrevivir hasta edades avanzadas), lo que puede afectar a las correlaciones de manera no trivial. Por ello, conviene interpretar ese 55 % como una estimación basada en un modelo y en una definición concreta de ‘longevidad intrínseca’ y no como un hecho definitivo.

En este estudio, la ‘mortalidad extrínseca’ se define como un riesgo de fondo independiente de la edad y no como se suelen contar las muertes por causas externas. Esto es clave para interpretar correctamente los resultados. Desde una perspectiva demográfica, solemos entender la mortalidad extrínseca como muertes por causas externas y/o ligadas al comportamiento, muy dependientes de la edad y de las condiciones sociales, lo cual es un concepto bastante distinto.

Incluso si este trabajo impulsa la búsqueda de predictores genéticos de la longevidad, y aunque esos esfuerzos tengan éxito, es probable que los beneficios prácticos de intervenciones personalizadas lleguen de forma desigual y refuercen las desigualdades socioeconómicas en la longevidad. En cambio, los mayores y más duraderos avances en longevidad han provenido históricamente de mejoras a nivel poblacional en las condiciones de vida, la educación, la salud pública y la protección social, así como de innovaciones médicas cuando estas logran difundirse de manera amplia y equitativa. Estas intervenciones, menos llamativas, elevan los estándares de vida en general y conducen no solo a vidas más largas, sino también más saludables y satisfactorias, al tiempo que reducen las desigualdades en la supervivencia entre grupos sociales.

ES