José A. Morales-García
Investigador científico en enfermedad de Parkinson de la Universidad Complutense de Madrid
Este trabajo se apoya en una base de datos muy amplia y en métodos sólidos de neuroimagen y neuromodulación. Los autores integran datos de casi 900 personas, combinando resonancia magnética funcional en reposo (fMRI), registros electrofisiológicos directos (ECoG), pruebas de respuesta a levodopa y varias formas de neuromodulación (estimulación cerebral profunda, estimulación magnética transcraneal (TMS) y ultrasonidos focales). Esta combinación de técnicas es especialmente apropiada para investigar el párkinson, puesto que es una enfermedad que afecta a varios circuitos cerebrales más que a una sola región. La fMRI en reposo es una herramienta ampliamente validada para estudiar redes funcionales alteradas en párkinson, y los registros ECoG durante cirugía aportan una validación directa, con alta resolución temporal, de los hallazgos de imagen. Además, el uso de cambios clínicos —mejoría de síntomas— como referencia refuerza que las medidas neurobiológicas analizadas tienen relevancia funcional real.
Su principal aportación, sin embargo, no es metodológica, sino conceptual: propone que la enfermedad de Parkinson, que ya se sabía que producía síntomas motores y no motores, implica la alteración de una red cerebral más amplia, la denominada ‘red somatocognitiva de la acción’, que integra movimiento, cognición y funciones corporales. Esta idea encaja bien con observaciones clínicas previas, como la presencia temprana de síntomas no motores y la influencia de factores cognitivos sobre el movimiento, pero ahora se apoya en evidencia experimental directa.
Es importante, no obstante, evitar interpretaciones exageradas. Aunque los resultados sugieren nuevas dianas para optimizar terapias como la estimulación cerebral profunda o la TMS, muchas de las intervenciones probadas, especialmente las de estimulación magnética transcraneal y ultrasonidos focales, se basan en muestras pequeñas y estudios realizados en uno o pocos centros, lo que limita su generalización. Los propios autores reconocen que, por ejemplo, el ensayo de TMS es un estudio piloto y que sus resultados deben confirmarse en ensayos multicéntricos más grandes, algo habitual en fases tempranas de investigación clínica. En segundo lugar, aunque la fMRI es una técnica validada para estudiar redes cerebrales en párkinson, no mide actividad neuronal directa, sino correlaciones funcionales. El estudio mitiga esta limitación combinando fMRI con ECoG y respuesta clínica a tratamientos, pero, aun así, no puede establecer una relación causal definitiva entre la hiperconectividad de la red SCAN y todos los síntomas del párkinson. Además, el trabajo se centra sobre todo en síntomas motores y axiales; el impacto real sobre síntomas no motores (cognición, ánimo, disautonomía) queda todavía poco explorado.
Esto significa que aún no se prevé un cambio en la práctica clínica habitual en España, pero sí se abre una vía prometedora para personalizar mejor los tratamientos en el futuro. Además, el párkinson es una enfermedad muy heterogénea y aún no está claro si esta alteración de la red SCAN se comporta igual en todos los subtipos clínicos o en distintas fases de la enfermedad. El mensaje clave para los pacientes es que se trata de un avance en la comprensión del párkinson y en cómo podrían afinarse las terapias, no de una cura inmediata ni de una técnica lista para su uso generalizado.