Juan Carlos Gómez
Psicólogo e investigador en el Departamento de Psicología y Neurociencia de la Universidad de St. Andrews (Escocia)
Se trata de un excelente experimento, que usa una tarea sencilla pero muy original para explorar por primera vez de forma experimental un tema —el juego imaginario— que hasta ahora había permanecido en segundo plano en el estudio de los monos antropoides.
Hasta ahora solo había indicios muy discutidos sobre la existencia de esta capacidad en primates no humanos. Este estudio refuerza la posibilidad de que los raros ejemplos de posible juego imaginario que se habían observado en antropoides sean genuinos, o al menos nos digan algo sobre los precursores evolutivos de esta capacidad tan importante y bien desarrollada en los humanos.
[En cuanto a posibles limitaciones] Los autores realizaron controles que descartan muchas explicaciones alternativas, pero, como suele suceder en este tipo de estudios, aún queda la posibilidad de otras explicaciones. Por ejemplo, tal vez Kanzi haya aprendido que la respuesta correcta es señalar a los vasos que tienen algo, y cuando se ve urgido por sus cuidadores a elegir entre dos vasos aparentemente vacíos, piense que en el único que puede haber algo es en el que no ha sido volteado. Lo elegiría, por tanto, no porque entienda que el humano finge que tiene zumo, sino por descarte, por si acaso hay algo en él que no se ve bien.
Pero, al margen de interpretaciones alternativas, en mi opinión la aportación más importante de este estudio, más allá de sus prometedores resultados, es el hecho de que proporciona por vez primera un paradigma experimental que podrá seguir usándose para investigar de forma sistemática los posibles precursores evolutivos del juego de imaginación en primates no humanos. Los autores han dado un paso de gigante al hacer posible la investigación experimental de esta importante cuestión, que hasta ahora había permanecido en segundo plano debido en gran medida a la falta de formas fiables de investigarla.