Carlos Guijarro Herráiz
Expresidente de la Sociedad Española de Arteriosclerosis (SEA) y médico en la Unidad de Medicina Interna del Hospital Universitario Fundación Alcorcón
Un metaanálisis que incluye los datos individuales de cada paciente es una colaboración extraordinaria que permite una calidad de información superior a la mayoría de los metaanálisis, que utilizan los datos agregados de los estudios individuales. En este sentido es de agradecer a la colaboración Cholesterol Treatment Trialists’ Collaboration, que con anterioridad ya nos ha informado en detalle de los efectos protectores de las estatinas en prevención cardiovascular y sobre algunos efectos secundarios (miopatía, diabetes mellitus), cuya importancia es muy inferior al beneficio incuestionable del tratamiento hipolipemiante en pacientes con elevado riesgo cardiovascular.
Diversos estudios controlados con placebo informan que la mayoría de las alteraciones atribuidas a estatinas tienen su base en el ‘efecto nocebo’, que es la imagen especular del placebo (perjuicio / beneficio subjetivo del paciente independiente del efecto farmacológico real del tratamiento). Es decir, que las molestias o efectos secundarios aparentes de las estatinas no tienen base fisiopatológica o farmacológica real. Paradójicamente, la descripción prolija de posibles efectos secundarios en la información que contienen los envases de estatinas (ficha técnica) refuerzan potencialmente el efecto ‘nocebo’. ¿Quién no tiene alguna molestia al cabo de los años, esté tomando o no un fármaco?
Una vez confirmado que en los ensayos cínicos no hay sustento objetivo para muchas de las alteraciones atribuidas a las estatinas, cabe añadir una nota de precaución. Los ensayos clínicos no son la vida real; el uso de estatinas está muy generalizado, incluyendo pacientes habitualmente excluidos de los ensayos clínicos pivotales: ancianos, minorías étnicas, pacientes con enfermedades concomitantes y polifarmacopea… Por lo que la valoración individual de cada paciente con su médico es imprescindible.
Afortunadamente, podemos tranquilizar a los pacientes indicándoles que el escrutinio de efectos primarios (protectores) y secundarios (perjudiciales) de las estatinas ha sido evaluado de modo muy extenso, y que cientos de miles de personas las toman actualmente y las han tomado durante décadas con efectos protectores cardiovasculares incuestionables.
Si una vez explicado todo esto el paciente considera que alguna de sus molestias es atribuible a las estatinas, podemos pactar con los pacientes una breve suspensión del tratamiento (en la mayoría de los casos desmintiendo la relación con el fármaco) y, si el paciente sigue considerando que hay problemas con el tratamiento, afortunadamente disponemos de tratamientos hipolipemiantes empleados específicamente en intolerantes a estatinas o con mecanismos de acción completamente distintos (ezetimiba, iPCK9), que han demostrado beneficio cardiovascular y pueden proporcionar alternativas eficaces y seguras para la reducción de las complicaciones cardiovasculares mediante el control de la hipercolesterolemia.
Las noticias en la prensa desfavorables para las estatinas no son irrelevantes, pues se asocian a un descenso de su uso y a un aumento de enfermedades cardiovasculares, por lo que dar noticias tranquilizadoras tiene un valor de salud pública importante e innegable