Jorge Hernández Bernal
Investigador en el Laboratoire de Météorologie Dynamique, Sorbonne Université, CNRS (Francia)
El sector espacial se está expandiendo fuertemente en los últimos años y se ha proyectado que su crecimiento podría ser del 9 % anual en la próxima década. En la práctica esto se traduce en que el número de satélites en órbita se ha triplicado en los últimos cinco años y el número de lanzamientos ha pasado de los típicos 100 anuales de antes a los 324 de 2025. Esta realidad y estas proyecciones colisionan con otra realidad que, pese al negacionismo, se impone: la crisis climática, ecológica y de recursos.
Más allá de los impactos propios de cualquier industria, el sector espacial tiene impactos ambientales sobre las capas altas de la atmósfera que no están bien caracterizados. Tanto los cohetes en el ascenso, como la desintegración de satélites y otros objetos como rastros de cohetes liberan cantidades considerables de gases y partículas que permanecen en esas capas altas de la atmósfera durante mucho tiempo antes de caer definitivamente. Estos contaminantes contribuyen al cambio climático, pero también destruyen la capa de ozono y pueden alterar procesos naturales, como la formación de nubes mesosféricas.
En este contexto, este estudio reporta por primera vez la observación directa de contaminantes producidos por la desintegración de basura espacial. Lo que se ha observado es un aumento muy elevado de la concentración de litio a una altura de unos 100 km horas después de la desintegración en la atmósfera de los restos de un cohete. Los autores se centran en el litio porque es especialmente fácil detectarlo, pero lo importante es que esta ‘nube de litio’ debía ir asociada a otros contaminantes producidos en la desintegración.
Lo interesante de esta medida es que abre el camino para hacer más observaciones que ayuden a monitorear la contaminación producida por las desintegraciones en la alta atmósfera. Las medidas fueron hechas desde Alemania en una oportunidad relativamente excepcional, porque normalmente los objetos grandes (más fáciles de observar) se desintegran de forma intencionada y (más o menos) controlada en el océano Pacífico, donde el riesgo de caída de fragmentos sobre zonas pobladas es menor. En este caso, se perdió la capacidad de maniobrar la etapa superior del cohete Falcon 9 y por eso acabó cayendo de forma descontrolada sobre Europa. De hecho, al menos un fragmento acabó cayendo cerca de una zona poblada en Polonia.
Comprender y cuantificar los impactos ambientales de cualquier actividad humana es importante para poder transformar nuestros sistemas socioeconómicos, que son en este momento completamente insostenibles y contrarios al interés general. En este sentido, este nuevo estudio es un avance interesante. No obstante, hay un amplio consenso científico sobre que las transformaciones socioeconómicas que necesitamos pasan por la reducción de la desigualdad y la racionalización del uso de recursos naturales. El sector espacial, al igual que otros sectores, requiere de más cooperación internacional, más multilateralismo, más desarrollo del derecho internacional y menos especuladores y multimillonarios oportunistas. En tiempos de barbarie, necesitamos coraje y políticas valientes. El crecimiento que se proyecta para el sector espacial es claramente insostenible, pero un uso racional del espacio puede traer muchas ventajas para el conjunto de la humanidad y ayudarnos a superar la crisis civilizatoria en la que nos adentramos.