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Lucía Escudero Palencia

Investigadora predoctoral en el Departamento de Física de la Tierra y Astrofísica, Facultad de Ciencias Físicas, Universidad Complutense de Madrid

Maurizio Mattesini

Catedrático de Geofísica en el Departamento de Física de la Tierra y Astrofísica, Facultad de Ciencias Físicas, Universidad Complutense de Madrid

Los terremotos que han ocurrido en Venezuela el 24 de junio de 2026 (Mw 7,2 y 7,5, respectivamente, según el Servicio Geológico de Estados Unidos, USGS) ponen de manifiesto no solo la actividad sísmica de determinadas regiones del Caribe (debido al proceso de subducción en el límite entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana), sino también el gran poder destructor de los terremotos. Los terremotos son sucesos naturales que no pueden evitarse, pero si tomar medidas para mitigar los daños que producen. Y estos terremotos han demostrado la importancia creciente de los Sistemas de Alerta Sísmica Temprana (SAST). 

Aunque actualmente no es posible predecir un terremoto antes de que ocurra, los SAST permiten mitigar los efectos destructores de un terremoto y tomar medidas de precaución. Un SAST se basa en redes de estaciones sísmicas que envían datos en tiempo real-y permiten detectarlo en sus primeras fases —las ondas P (o primarias), más rápidas (~5,5 km/s) y de bajo potencial destructivo estimando su magnitud. Si esta supera un determinado umbral, el SAST emite una alerta temprana segundos antes de la llegada de las fases más dañinas, asociadas a las ondas S (o secundarias) y superficiales, caracterizadas por una menor velocidad (~3,5 km/s) pero responsables de la mayor parte del daño en superficie. El tiempo de que se dispone desde que se da la alerta suele ser de unos pocos segundos y, en algunos casos, puede llegar a cerca de un minuto. Aunque pueda parecer poco, diversos estudios han demostrado que es suficiente para que las personas se alejen de zonas peligrosas, se activen protocolos de emergencia, se detengan procesos industriales o se reduzca la velocidad de trenes y otros sistemas de transporte. 

Estos sistemas ya funcionan en países como Japón, México, Taiwán o Estados Unidos, donde han demostrado su utilidad para reducir los daños que puedan ocasionar los terremotos. Además, desde 2010 la Universidad Complutense de Madrid comenzó los trabajos para estudiar la viabilidad de un SAST en la Región Ibero-Magrebí, una zona con una importante actividad sísmica y antecedentes de grandes terremotos, como el de Lisboa de 1755. En la actualidad el SAST funciona de forma experimental en la UCM, mostrando buenos resultados. Además, actualmente la Comunidad de Madrid financia un contrato de tesis específico para esta línea de investigación (Contratos Predoctorales en Formación PIPF-2024/COM-34266), orientado al estudio e implementación de QuakeUp, un innovador SAST basado en la estimación de las zonas de daño potencial ante la ocurrencia de un terremoto. 

En el caso de Venezuela, numerosos usuarios recibieron alertas en sus teléfonos móviles Android antes de percibir el movimiento más intenso gracias al Android Earthquake Alerts System, desarrollado por Google. Este sistema se basa en redes de acelerómetros integrados en los teléfonos móviles que actúan como una red distribuida de sensores sísmicos y aplica el mismo principio físico que los SAST: para detectar las primeras fases de un terremoto y generar avisos en tiempo real. 

Para algunos usuarios la alerta llegó apenas tres, cinco o diez segundos antes del temblor más fuerte. Sin embargo, ese breve margen de tiempo les sirvió para alejarse de ventanas u objetos peligrosos, buscar refugio o activar medidas de emergencia. De hecho, numerosos testimonios indican que estos avisos permitieron a algunas personas abandonar los edificios en los que se encontraban antes de que llegara la sacudida más intensa. 

Los terremotos de Venezuela han demostrado que, aunque los terremotos no pueden evitarse ni predecirse, sí es posible reducir parte de sus consecuencias mediante sistemas capaces de detectar rápidamente el inicio del evento y alertar a la población. La incorporación de nuevas tecnologías, como las redes de teléfonos móviles utilizadas en este caso, amplía además las posibilidades de vigilancia y alerta, especialmente en regiones donde las redes sísmicas convencionales son más limitadas.

ES