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Urbano Fra Paleo

Miembro del grupo de trabajo del Consejo Científico Asesor de las Academias Europeas (EASAC), miembro del grupo asesor para ciencia y tecnología (E-STAG) de la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), catedrático jubilado de la Universidad de Extremadura, miembro de Academia Europaea (The Academy of Europe) e investigador asociado del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH)

Los incendios son todos similares en las causas, pero no en su impacto. Las condiciones ambientales, la gestión, o el contexto social y económico dan lugar a diferencias entre incendios en términos de daños y pérdidas. Este incendio es equivalente al del incendio forestal de Pedrógão Grande (Portugal) de junio de 2017, con fallecidos atrapados en medio del incendio. Personas que querían evacuar lo hacen de forma inadecuada, siguiendo rutas no recomendables, utilizando medios de transporte inapropiados, o tarde. Lo que hace singular al incendio de Almería es que los fallecidos son en su mayor parte ciudadanos extranjeros. Los turistas llegan a un destino y no conocen el medio, no se informan de las condiciones de riesgo, y no son informados de estas condiciones en los lugares donde se alojan, o de los planes de evacuación —en caso de existir— para saber responder adecuadamente. Pero estas condiciones son, paradójicamente, similares a las de la población local. En la respuesta a la emergencia se hace mucho énfasis en la respuesta con medios mecánicos, tecnológicos y recursos humanos, pero se tiene menos en cuenta a la población local, habitualmente no integrada en la respuesta. Los planes apenas integran a la población en la alerta temprana, la respuesta y la evacuación. Se adopta una perspectiva en la que no se integra la acción temprana por parte de la población local. El modelo dominante es paternalista y socialmente excluyente. La respuesta a la emergencia en los incendios es más eficiente en la extinción en condiciones de baja densidad de población, en la que se adoptan medidas sin necesidad de tener en cuenta una población local, pero se vuelve más compleja en condiciones de mayor densidad y poblamiento disperso. Sin embargo, los recursos para la extinción son crecientemente insuficientes por mucho incremento que se produzca en la inversión pública, dado que la intensidad de los incendios supera la capacidad de una comunidad autónoma, nacional e incluso europea. Hemos tenido algunos ejemplos en los últimos años. Año tras año, los incendios vuelven a ser protagonistas porque no se abordan las causas últimas: el cambio climático, los cambios en los usos del suelo con espacios agrícolas que son ocupados por vegetación arbórea y arbustiva, y la expansión del poblamiento disperso en áreas suburbanas y rurales. Los incendios tienen cada año mayor dimensión porque se hacen planes para extinguir incendios —lo que es necesario—, invirtiendo más en medios de respuesta, pero no se invierte en cambiar las condiciones que evitan la propagación o que puedan alcanzar gran intensidad, mediante la planificación del paisaje, y la integración de las comunidades locales en la toma de decisiones. Este año será muy difícil de gestionar el riesgo de incendios, pero el próximo será peor si continúa el mismo enfoque en las políticas públicas. Además, cualquier cambio en las políticas solo tendrá impacto a medio plazo, y los decisores no están en disposición de tomar medidas con impacto que vaya más allá de sus mandatos.
ES