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María José Sanz

Directora del BC3 (Centro Vasco de Investigación sobre Cambio Climático)

Los incendios forestales en el suroeste de Francia y el centro y este de España son inusualmente intensos, megaincendios. Este estudio indica que el cambio climático y la gestión de las masas forestales tienen una incidencia clara en el cambio de comportamiento de estos.  

Tanto en Francia como en España son de magnitudes extraordinarias; las extensiones arrasadas por el fuego desde principios de 2026 en ambos países son muy superiores a las 100.000 hectáreas. Han sido favorecidos por las condiciones climáticas anteriores a los eventos, dominadas por falta de precipitación prolongada y temperaturas cerca y, en ocasiones, superiores a los 40 ºC en varas olas de calor consecutivas. En España, el enero de 2026 ha sido el más húmedo del último cuarto de siglo, lo que favoreció un crecimiento abundante de la vegetación, seguido de una primavera y verano anómalamente cálidos y secos que mermaron drásticamente la humedad del suelo y secaron la biomasa, con la consecuente acumulación de combustible en los bosques, matorrales y pastizales, que, en muchas ocasiones, han sufrido el abandono de las tierras en el mundo rural.  

Por su virulencia y magnitud, estos incendios están afectando no solo a los ecosistemas, también a la población que se ve desplazada y con pérdidas de sus bienes y, en ocasiones, medios de vida. También afectan a la salud y son responsables de emisiones de contaminantes, sobre todo partículas (PM2.5), por lo que obligan en otros casos a miles de personas a ser confinadas en sus hogares debido a la mala calidad del aire.  

Las evidencias nos indican que vivimos en un nuevo paradigma, en el que estos incendios van a ser ya nuestra realidad. La prevención con una gestión adaptativa a estas nuevas circunstancias, las alertas tempranas, la cooperación en la gestión de su control y extinción 'tienen' que formar parte de ello, si queremos preservar nuestro bienestar.

ES