BC3 Basque Centre for Climate Change
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Profesor de investigación Ikerbasque en el Basque Centre for Climate Change (BC3)
Responsable de relaciones internacionales de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), organizador del Congreso Europeo de Salud Pública 2026 (EUPHA), profesor de investigación Ikerbasque en el Basque Centre for Climate Change (BC3) y profesor e investigador en las universidades de Alcalá y Johns Hopkins
Directora del BC3 (Centro Vasco de Investigación sobre Cambio Climático)
Jefa del Grupo de Investigación en Adaptación al Cambio Climático del BC3 (Centro Vasco de Investigación sobre Cambio Climático) y experta en gobernanza climática urbana
Investigadora en el BC3 (Centro Vasco de Investigación sobre Cambio Climático)
Investigador Ikerbasque en el BC3
Profesor de investigación Ikerbasque en el departamento de Biología Vegetal y Ecología de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), Leioa, España e investigador asociado en el BC3. Sus intereses de investigación incluyen la ecología, la evolución, la biología de la conservación y la biogeografía. Actualmente dirige un grupo de investigación en ecología molecular
Una de las principales estrategias para mitigar las emisiones de CO2 es la electrificación de los vehículos. Aunque retirar de la circulación los que aún están en buen estado supone un impacto ambiental, un estudio publicado en la revista Science ha demostrado que su sustitución por vehículos eléctricos de batería tiene beneficios a largo plazo, incluso teniendo en cuenta las emisiones derivadas de la fabricación. Para abordar esta cuestión, los autores estimaron las emisiones de CO₂ a lo largo del ciclo de vida asociadas a mantener en uso un vehículo con motor de combustión frente a desguazarlo antes de tiempo y sustituirlo por uno eléctrico. Los resultados muestran que la huella climática de la fabricación del nuevo vehículo se ve reducida, ya que los coches eléctricos liberan solo un tercio de los gases de efecto invernadero que los vehículos de motor.
El cambio climático inducido por el ser humano ha provocado que las condiciones meteorológicas “extremas” que alimentaron los recientes incendios forestales fueran, como mínimo, dos veces más probables en Francia y 20 veces más probables en España, según un nuevo análisis elaborado por la World Weather Attribution (WWA). El equipo analizó observaciones meteorológicas históricas y utilizó el indicador de Índice de Gravedad Diaria (DSR), que incorpora condiciones de calor, sequía y viento, y refleja la dificultad para extinguir un incendio. Los investigadores examinaron el periodo de siete días con el DSR más alto en el suroeste de Francia y el centro de España, donde se produjeron los incendios, y lo compararon con simulaciones de un clima preindustrial. Según el estudio, con el clima actual, se prevé que se produzcan fenómenos de esta intensidad una vez cada 20 años en el suroeste de Francia y una vez cada seis años en el centro de España.
En algunas zonas de España y Francia, la intensidad de las condiciones meteorológicas que favorecen los incendios —calor, sequía y viento— aumentó hasta un 50 % entre 2016 y 2025, en comparación con el período entre 1981 y 2010. Es una de las conclusiones de un estudio elaborado por un equipo con participación española que analizó los registros nacionales de los incendios forestales del sur de Europa: España, Portugal, Francia, Italia y Grecia; junto con datos meteorológicos y climáticos, entre 1981 y 2025. Los datos, publicados en Scientific Reports, muestran que el número de días con condiciones propicias para los incendios también aumentó en algunas zonas de los países. Sin embargo, el número anual de incendios durante la última década fue un 40 % inferior a la del periodo 1981-2010 en todos los países, un descenso que, según los autores, concuerda con una reducción de los fuegos provocados por el ser humano, impulsada por una normativa más estricta.
Los eventos internacionales de entretenimiento tienen una huella de carbono muy elevada. La mayor parte proviene de las emisiones provocadas por los desplazamientos de los espectadores, que representan el 82 % de las emisiones de la Copa del Mundo de la FIFA de 2026 y el 97 % de la gira europea de Coldplay de 2024, según un estudio publicado en Communications Sustainability que analiza el impacto ambiental de ambos megaeventos. Los investigadores proponen que los organizadores asuman parte de los costes de carbono recompensando a los aficionados con descuentos por optar a formas de desplazamiento más ecológicas para asistir a los eventos.
Un equipo del Reino Unido y Países Bajos ha estimado el coste ambiental atribuido a las acciones del 10 % de las personas que más gastan —correspondientes, en general, a las más ricas—, tanto a nivel mundial como en el país más rico de cada continente. A nivel global, son responsables de daños por valor de entre 1,7 y 5,7 billones de dólares estadounidenses. Estas cifras superan la financiación necesaria tanto para cumplir con el objetivo de financiación climática para 2035 acordado en la COP30 —993.000 millones de dólares—, como para cubrir la financiación necesaria para detener la pérdida de biodiversidad hasta 2030 —657.000 millones de dólares—. El trabajo se publica en Communications Sustainability, revista del grupo Nature.
La climatización de los edificios es necesaria para combatir las altas temperaturas de los veranos, cada vez más largos y calurosos; pero no está exenta de controversia debido a su consumo energético e impacto sobre el medioambiente. Hoy la OMS presenta su nueva guía de planes de acción sobre salud y calor, en la que reconoce que el aire acondicionado es problemático, a la vez que insiste en la necesidad de acceso a estos sistemas para población vulnerable. En una reciente sesión informativa organizada por el SMC España, analizamos su papel en la lucha contra el calentamiento global.
El aumento del nivel del mar ha cuadruplicado la frecuencia de los fenómenos extremos relacionados con este fenómeno en las costas desde 1900. Es una de las conclusiones de un estudio, con participación española, que sugiere que el cambio climático ya ha alterado el riesgo de inundaciones costeras y pone de relieve la necesidad de integrar estos cambios en las estrategias de adaptación y gestión de riesgos. Más de 680 millones de personas en todo el mundo viven en regiones costeras de baja altitud, donde pequeños cambios en el nivel del mar pueden afectar significativamente al riesgo de inundaciones. El estudio se publica en Nature Climate Change y coincide con otro trabajo, publicado el mismo día en Science Advances, que asegura que desde los años 70 se ha triplicado el número de días en los que el nivel del mar ha sobrepasado las medias anuales.
El rápido calentamiento en Europa está reduciendo la capa de nieve y de hielo, mientras que las temperaturas del aire muy elevadas, la sequía, las olas de calor y las temperaturas oceánicas récord están afectando a regiones que van desde el Ártico hasta el Mediterráneo. Son las principales conclusiones del informe Estado del clima en Europa (ESOTC) 2025, elaborado por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF), que gestiona el Servicio de Cambio Climático de Copernicus, y por la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Los datos muestran que el 95 % del continente registró temperaturas anuales superiores a la media el año pasado y los caudales fluviales estuvieron por debajo de la media durante 11 meses.
Las alteraciones forestales en Europa —incluidos incendios, plagas de insectos y temporales de viento— podrían llegar a duplicarse antes de finales del siglo XXI en comparación con el período entre 2001 y 2020 si no se reducen las emisiones. En el caso de los incendios, la superficie anual quemada podría casi triplicarse. La región mediterránea se sitúa entre las más vulnerables y casi el 90 % de los bosques mediterráneos podrían verse afectados por más incendios y plagas bajo escenarios de mayor calentamiento. Las conclusiones se publican en un estudio de la revista Science en el que participan centros españoles como el CREAF, el CTFC y la Universitat de Girona.
Aunque la ganadería extensiva ha aumentado en algunas regiones, también ha disminuido en el 42 % de los pastos dedicados a este fin, según un estudio publicado en la revista PNAS que analiza datos de entre 1999 y 2023. La disminución se ha dado en zonas ricas del planeta, como Europa, América del Norte o Australia, donde las tendencias de consumo han virado hacia animales como cerdos y pollos. El aumento se vio en zonas más pobres, concretamente en África, Asia, América del Sur y Centroamérica. Los autores del estudio, uno de ellos español, afirman que “las reducciones en las tasas de carga ganadera pueden tener importantes consecuencias ecológicas a escala regional y mundial”, afectando a la biodiversidad o a los regímenes de incendios.