Reacción a "Nuevo modelo Astra de OpenAI "
Ramón López de Mántaras
Informático y físico, profesor emérito de investigación del CSIC, fundador del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA-CSIC), profesor honorario de la Western Sydney University y pionero de la investigación en IA en España
Las declaraciones de ejecutivos de OpenAI que sugieren que Astra marca el inicio de la era de la inteligencia artificial general (AGI) son una gran estrategia de marketing diseñada para alimentar las inversiones de capital riesgo más que como una materialización de inteligencia general.
Estos programas están diseñados para imitar el lenguaje humano con tanta eficacia que inducen al público a proyectar sobre ellos una mente pensante, capacidades cognitivas o intenciones que en realidad no tienen. Independientemente de lo avanzadas que sean las capacidades de uso de ordenadores o las funcionalidades agénticas de GPT-6 Astra, el modelo sigue siendo una máquina de generación de medios sintéticos que opera exclusivamente sobre la forma lingüística —la estructura y la probabilidad matemática de los datos— sin ninguna conexión real con el significado ni mucho menos con una mente pensante, es decir una inteligencia artificial general comparable o superior a la humana.
De hecho, el propio concepto de ‘inteligencia artificial general’ resulta problemático, pues hay un montón de diferentes definiciones. OpenAI lo ha definido históricamente en términos funcionales: sistemas altamente autónomos capaces de superar a los seres humanos en la mayor parte del trabajo económicamente valioso. Pero demostrar que un modelo satisface una definición tan amplia exige algo más que obtener resultados excepcionales en determinados benchmarks o realizar demostraciones espectaculares.
De hecho, análisis independientes han señalado que Astra obtiene resultados muy desiguales en otros benchmarks. Por ejemplo, modelos competidores como Claude 5.1 de Anthropic siguen liderando en determinadas métricas que miden la capacidad de desarrollar software, mientras que Astra mostró, de hecho, un descenso en la calidad en comparación con su predecesor, GPT-5.6 Sol, en la resolución de otros benchmarks.
Además, algunos de sus resultados más espectaculares requieren herramientas, memoria y componentes adicionales basados en técnicas distintas a las de los modelos grandes de lenguaje. Es decir, que se trata de una IA neurosimbólica y no de un LLM puro. Por lo tanto, no estamos en absoluto ante una inteligencia artificial general. Hablar de inteligencia artificial general, como hace OpenAI, es una estrategia de marketing.
Pero existe un problema mucho más concreto sobre el que todos los expertos parecen estar de acuerdo: cuanto más capaces son estos sistemas de actuar autónomamente, más difícil puede resultar determinar qué están haciendo. Este aspecto adquiere especial relevancia en Astra. La propia OpenAI reconoce que el nuevo modelo presenta una disminución de la capacidad de monitorizar su funcionamiento y esto no es una buena noticia. Los equipos de seguridad, incluidos los de Redwood Research y el UK AI Security Institute (AISI), han señalado esto como una peligrosa regresión en algo tan importante como la transparencia y rendición de cuentas de estos sistemas cuando algo va mal.