Autor/es reacciones

Marisol Soengas

Jefa del Grupo de Melanoma del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO)

La comunidad científica y médica, y muchísimos pacientes con cáncer, estábamos pendientes desde agosto de los resultados de un gran estudio clínico internacional con Intismerán (la vacuna personalizada de mRNA para prevenir recaídas en melanomas y otros tumores tras la cirugía). Hemos sabido ahora por datos que se van a presentar en el Congreso Europeo de Oncología Médica (ESMO), que estas expectativas están apoyadas por datos muy prometedores. Se trata de un ensayo clínico en fase 3 en el que han participado 157 centros clínicos en distintos países, y más de 1.300 pacientes, en sí, un gran reto que merece reconocimiento. El interés era altísimo, porque las compañías desarrolladoras (Moderna y Merck/MSD) anunciaron que habían conseguido dos grandes objetivos en la oncología actual: avanzar hacia un tratamiento ‘a la carta’ para cada paciente, y conseguir que su propio sistema inmunitario elimine células tumorales que se pudiesen haber ‘escapado’ tras la eliminación de los tumores primarios. No era estrategia para evitar los melanomas, ni para tratar casos avanzados con metástasis. Se trataba de combinar Intismerán con inmunoterapias ya aprobadas (el anticuerpo pembrolizumab) para reducir la aparición de metástasis y con ello, aumentar la supervivencia global de los pacientes. La tecnología utilizada para esta personalización es potencialmente tan potente que el interés estaba justificado.  

¿Qué parece demostrar este ensayo en fase 3, que se denomina INTerpath-001? El dato más relevante es que tras 24 meses, el 82,2 % de los pacientes tratados con la combinación de Intismerán y pembrolizumab permanece libre de recaída, frente al 70,0 % con pembrolizumab, lo que supone una reducción del riesgo de recaída o muerte del 42 % (Hazard Ratio 0,58). También se redujo un 38 % el riesgo de metástasis a distancia o muerte (HR 0,62). 

¿Cómo se ha percibido? Para saber la respuesta de los investigadores básicos y clínicos, deberemos de esperar a mañana sábado, cuando la Dra. Georgina Long del Melanoma Institute de Australia hará públicos los datos específicos. Los mercados, sin embargo, han reaccionado con una caída bursátil. Se esperaba que el efecto sobre las metástasis fuese más significativo porque en un ensayo previo en fase 2 se había indicado una reducción del 59 % en la aparición de metástasis distales.  

Otro punto que requiere cautela es la posible aplicabilidad de la tecnología. Lo que Moderna y colaboradores han conseguido no es trivial, pero es logísticamente complejo. Se trata literalmente de una vacuna hecha a medida. Se obtiene una muestra del tumor y de sangre, se secuencian y se identifican las mutaciones que generan proteínas anómalas o neoantígenos, ausentes de las células normales. Mediante algoritmos (aquí uno de los grandes avances) se seleccionan hasta 34 neoantígenos con potencial para ser reconocidos por el sistema inmunitario y se fabrica una molécula de mRNA específica que los codifica. Tras administrarla, esos neoantígenos son producidos y presentados al sistema inmunitario, generando o amplificando linfocitos T capaces de reconocer las células tumorales. Intismeran se combina con pembrolizumab, un inhibidor de PD-1. Así, la vacuna aumenta y dirige la respuesta antitumoral y pembrolizumab evita que el tumor inactive esos linfocitos. Es, por tanto, una forma especialmente avanzada de medicina personalizada. Este es el gran avance, porque conceptualmente permitiría abordar no solo el melanoma, sino otros tumores en el que el sistema inmunitario sea rescatable. El desafío es conseguir que esa personalización sea escalable a un gran número de pacientes y que el coste sea asumible por los sistemas de salud.

ES