Adrián Escudero
Es difícil opinar sobre la denominada ruta de Ereván cuando los textos definitivos no están disponibles. Aunque cundía el desaliento porque parecía muy difícil llegar a acuerdos y los reproches entre países eran generalizados, la última sesión ofreció acuerdos. 200 países lo han firmado. Parece que se profundiza el desarrollo del marco aprobado en los textos de Kunming-Montreal. El objetivo de conservar un 30 % de la superficie terrestre y de los océanos para 2030 parece un mínimo casi utópico pero deseable. Los países se comprometen a desarrollar este objetivo.
Cómo financiar estos esfuerzos para remitir la pérdida de biodiversidad es la clave. La participación del tejido productivo sigue siendo determinante para avanzar. Sin embargo, no sabemos todavía nada.
En definitiva, se puede ver el acuerdo de Ereván como positivo, sobre todo, porque los primeros días dibujaban un desacuerdo absoluto. Solo que haya textos firmados es positivo. Habrá que esperar para ver los textos definitivos.