Alejandra del Carmen Meza Servín
Este estudio se ajusta bien a la evidencia y une dos áreas antes separadas: el impacto ambiental de los eventos y la economía del entretenimiento (Rockonomics). Si bien algunas limitaciones del trabajo podrían considerarse las siguientes: el uso de supuestos para medir el bienestar del consumidor, asumir que el precio de reventa refleja la disposición a pagar y la incertidumbre en el cálculo del costo social del carbono.
Cabe señalar que sus conclusiones se basan en datos empíricos sólidos y metodologías fiables, combinando el protocolo de gases de efecto invernadero con el análisis de coste-beneficio y datos del mercado secundario de entradas.
Por último, me gustaría comentar que el marco que propone el artículo puede aplicarse a otras industrias, como el teatro, las conferencias o incluso el turismo, y además redondea las ideas al incluir la mención de una responsabilidad compartida y de la adopción de políticas públicas más sostenibles.