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Alex de Mendoza

Investigador en epigenómica evolutiva de eucariotas en la Queen Mary University de Londres (Reino Unido)

Este estudio es de gran calidad y toca un tema candente, que es identificar qué fuentes recibió la célula que luego derivó en todas las células con núcleo actuales (los eucariotas), que abarcan animales, hongos o plantas.

La mayor contribución del estudio es identificar varias fuentes bacterianas, más allá de las dos esperables, que son las arqueas de Asgard y la mitocondria. Aquí se proponen otros tres grandes ‘donantes’ de genes, con una contribución similar a la mitocondria a nivel numérico.

Personalmente, la parte que más me gusta es la antes subestimada contribución de los virus gigantes, que son excepcionales por tener muchísimos más genes que otros virus, y con funciones más parecidas a las de vida celular. Esto implica que el proceso de formación de los eucariotas no fue una relación monógama entre dos organismos, sino algo más tipo un ménage à trois con distintos organismos en distintas épocas (¡con enfermedades virales incluidas!), creando un panorama de origen híbrido de nuestro genoma ancestral. Es interesante porque el mensaje de este artículo entra en conflicto con otra publicación también en Nature este mismo año que argumenta lo contrario. Obviamente diferencias metodológicas estarán detrás de las distintas conclusiones, ya que resolver qué pasó hace más de mil millones de años no es tarea fácil, pero yo personalmente creo que este estudio es robusto.

ES