Amós García Rojas
Exjefe de servicio de Epidemiología y Prevención de la Dirección General de Salud Pública del Servicio Canario de Salud, expresidente de la Asociación Española de Vacunología (AEV) y hasta su jubilación en 2024, miembro del Grupo Permanente para Europa de la OMS
Yo creo que fundamentalmente, la opción de que el barco pueda atracar en Canarias —lo cual todavía no está claro— se baraja para garantizar la salud de algunos pasajeros que pueden estar enfermos o ante la posibilidad de que otros debuten con síntomas. Lógicamente, en Canarias hay una infraestructura hospitalaria que tiene suficiente músculo para asumir enfermos de este tipo y yo creo que este es el evento clave: garantizar la atención a estas personas que están ahora en condiciones desfavorables y, sobre todo, poder tener una visión global de cómo está la situación del brote.
En un contexto como este, es clave llevar el mensaje de tranquilidad a una población que está suficientemente angustiada y tiene demasiado cerca el recuerdo de aquella situación sanitaria tan terrible que fue la pandemia. Y, además, porque se está aprovechando esta situación para que las redes sociales difundan un mensaje absolutamente terrorífico sobre los riesgos que podemos tener si el barco atraca en Canarias que, sin lugar a duda, tiene por finalidad aterrorizar a la población.
Esto no tiene absolutamente nada que ver con la covid. Voy a dar dos elementos diferenciadores: cuando surgió la covid, no se tenía ninguna información sobre qué era ese microorganismo nuevo. El hantavirus lleva conviviendo con nosotros muchísimas décadas, lo conocemos lo suficiente, a estos virus y a su epidemiología. Y, además, la covid se transmitía por vía aérea, esto no. Eso explica el escaso riesgo poblacional que tiene en un medio como el nuestro. El hantavirus se transmite básicamente o bien por contacto directo o inhalación de partículas microscópicas pulverizadas de heces, orina o saliva de roedores; o bien por consumo de alimentos contaminados por estos residuos de roedores. La transmisión persona a persona es muy complicada. Solamente hay un tipo de variante americana, que se llama Andes, en la cual sí hay descrito algún caso de transmisión interhumana, pero son escasos y requieren a su vez un contacto directo, íntimo y muy intenso en espacios cerrados, no bien ventilados.
Por lo tanto, la posibilidad de gestionar una situación de riesgo poblacional es baja, como ha dicho la OMS, por no decir nula.
Es razonable que se espere a tener los datos epidemiológicos del crucero para hacerse una idea aproximada de cómo se ha producido el problema en el interior del barco. Como toda vía no se sabe, es razonable ser cauto. El hantavirus en ese barco se puede haber contagiado de tres maneras. La primera: el barco venía de Argentina, tocó unas zonas de aventura donde hay endemia de hantavirus, y allí se pudo producir la infección de alguno de esos enfermos; como la variante americana de hantavirus tiene un periodo de incubación de unas siete semanas, se pueden haber infectado allí y el cuadro clínico haberse dado aquí. La segunda: por contacto directo o inhalación de heces, orina, saliva de roedores. La tercera: porque una persona que se hubiera infectado en Argentina con la variante Andes conviva estrechamente con otra persona, por ejemplo, una pareja, y se haya producido la transmisión persona a persona.
Esas son las variables que están sobre la mesa. Por lógica, hay que tener una visión aproximada de cómo se ha producido el brote para tomar una decisión, aunque la posibilidad de riesgo poblacional es francamente baja.