Antonio Guillamón Fernández
Catedrático emérito del departamento de Psicobiología de la UNED
El trabajo de Oliva y colaboradores en World Psychiatry es una contribución importante al conocimiento de las diferencias en salud mental entre las poblaciones LGBTQIA+ y la población general. Los autores han realizado un análisis estadístico minucioso de un volumen considerable de investigaciones previas, que permite establecer con mayor precisión la solidez de las asociaciones observadas, particularmente en los trastornos depresivos y las conductas suicidas.
Su principal fortaleza es también su principal limitación: proporciona una descripción cuantitativa muy rigurosa de las diferencias existentes, pero contribuye menos a explicar los mecanismos que las originan. Los autores destacan el papel del estigma y la discriminación, factores indudablemente relevantes, aunque el diseño de los estudios analizados no permite determinar su contribución específica ni establecer relaciones causales.
Desde una perspectiva clínica, habría sido interesante profundizar en algunas variables, particularmente, el sexo y la exposición a tratamientos hormonales en las poblaciones transgénero. El sexo debería haberse considerado de forma transversal en los distintos análisis, ya que existen diferencias bien conocidas entre mujeres y hombres cisgénero en la prevalencia de trastornos mentales, particularmente en la depresión, que es más frecuente en las mujeres. Estas diferencias pueden influir en las asociaciones observadas cuando se comparan poblaciones con distinta composición por sexo. Por ello, resulta importante distinguir los efectos relacionados con el sexo de aquellos asociados a la orientación sexual y la identidad de género, dimensiones que no son equivalentes y que pueden interactuar entre sí.
Otro aspecto que merece atención es el papel del estigma. En la literatura científica, existe un problema de definición y de cómo se mide, ya que conviene distinguir entre el estigma estructural, relacionado con las normas sociales y las políticas institucionales; el interpersonal, que comprende experiencias de discriminación, acoso o rechazo; y el interiorizado, referido a la incorporación de valoraciones negativas sobre la propia identidad. Aunque los autores reconocen estas dimensiones, no es posible establecer a partir de sus análisis la contribución específica de cada una a las diferencias observadas en salud mental.
Merecen también especial atención los resultados relativos a la imagen corporal, que muestran diferencias entre mujeres y hombres según su orientación sexual. Estas diferencias podrían reflejar tanto factores biológicos como socioculturales, entre ellos, los ideales de belleza, las presiones sociales sobre la apariencia física y las expectativas asociadas al sexo y la orientación sexual. Se trata, probablemente, de procesos que interactúan y cuya contribución relativa sería interesante investigar.
En conjunto, considero que se trata de un trabajo valioso, tanto por el considerable esfuerzo de síntesis realizado como por las preguntas que deja abiertas para futuras investigaciones.