Una amplia revisión científica confirma las desigualdades en salud mental de las personas LGBTQIA+

Existen desigualdades en la salud mental de las personas LGBTQIA+ respaldadas por evidencia científica de alta credibilidad, especialmente, en lo que respecta a la depresión, la conducta suicida y los síntomas relacionados con los trastornos de la conducta alimentaria. Son las principales conclusiones de un estudio liderado por IDIBAPS y publicado en la revista World Psychiatry en el que han revisado 22 revisiones sistemáticas con metaanálisis —que agrupan 398 estudios sobre esta cuestión— y han analizado las 162 asociaciones relacionadas con la salud mental. 

Reacciones

Miguel Ángel López - revisión salud mental LGTB

Miguel Ángel López Sáez

Profesor titular de Psicología Social y director de la Unidad de Diversidad de la Universidad Rey Juan Carlos

Science Media Centre España

Para mí, el punto de partida es que la diversidad sexual y de género no es una patología. Yo pondría el foco en quienes articulan, ejercen y legitiman la violencia, y en las instituciones que permiten que siga ocurriendo. A veces miramos con lupa el malestar de quienes reciben las agresiones y dejamos bastante fuera de plano a quienes las producen. El modelo de estrés de minorías ayuda a entender cómo se conecta una cosa con la otra. A las dificultades que puede vivir cualquier persona se añade una carga relacionada con la discriminación. Están los insultos, las agresiones o el rechazo familiar, pero el desgaste continúa cuando tienes que anticipar el siguiente episodio, vigilar cómo hablas o calcular dónde puedes mencionar a tu pareja sin exponerte. Incluso puedes acabar haciendo tuyos los mensajes negativos que recibes. Ocultarse puede proteger en un entorno hostil, pero tener que hacer esos cálculos continuamente tiene un coste. Esa acumulación de estrés puede contribuir a la ansiedad, la depresión o las conductas suicidas. No es una consecuencia inevitable de ser LGTBIQA+. 

El artículo me parece un trabajo bien planteado para ordenar la evidencia y distinguir qué asociaciones cuentan con mayor respaldo estadístico. Entre sus resultados más sólidos, las personas lesbianas, gais y bisexuales presentan aproximadamente el doble de riesgo de trastornos depresivos y 2,5 veces el riesgo de intentos de suicidio durante el año previo, respecto al grupo de comparación. También encuentra más síntomas de ansiedad y autolesiones no suicidas entre personas bisexuales que entre lesbianas y gais, y una mayor frecuencia de algunas conductas alimentarias, como las purgas, entre chicos adolescentes gais respecto a sus compañeros heterosexuales. Ahora bien, yo distinguiría la calidad de esta revisión de la de los trabajos que reúne. Las revisiones incluidas tienen calidad metodológica baja o críticamente baja, predominan los estudios transversales y buena parte de la investigación procede de Norteamérica. Algunas asociaciones tienen un respaldo estadístico consistente, pero eso no demuestra causalidad ni permite trasladar las cifras sin más a España o a todas las realidades incluidas bajo las siglas. 

Estos resultados encajan con una evidencia acumulada durante décadas. En nuestra revisión sobre factores protectores identificamos la importancia del apoyo familiar, escolar y de las amistades. Nuestro estudio con profesionales en España mostró carencias de formación y recursos. Y en el informe nacional español de CLICK recogemos tanto experiencias de violencia y desprotección como orgullo, alegría y pertenencia cuando existen espacios seguros. A mí me interesa contar ambas cosas, porque las vidas LGTBIQA+ no se reducen al sufrimiento y los apoyos disponibles pueden cambiar mucho la experiencia de crecer. 

Yo tampoco dejaría fuera el contexto social y político. Los discursos de VOX, Milei, Trump o Bolsonaro que presentan la diversidad LGTBIQA+ como una amenaza o su reconocimiento como adoctrinamiento pueden contribuir a normalizar el rechazo. Esto no se queda en una discusión de plató. Desde el modelo de estrés de minorías, necesitamos analizar cómo esos mensajes pueden legitimar la discriminación y aumentar la sensación de amenaza de quienes son señalados. El artículo no evalúa el efecto específico de esos discursos, pero los señalo como parte del contexto que necesitamos investigar y transformar. Para mí, las implicaciones pasan por intervenir con quienes agreden, garantizar respuestas institucionales y sostener redes de apoyo. La atención psicológica es necesaria cuando hay malestar, claro, pero no tiene mucho sentido pedir a un adolescente que aprenda a resistir mejor mientras dejamos intacto el entorno que le está haciendo daño. 

No declara conflicto de interés
ES

Adrián Carrasco - revisión salud mental LGTB

Adrián Carrasco Munera

Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en el Grupo de Trabajo de Salud LGTBIQ+ de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFyC)

Science Media Centre España

El artículo nos presenta una revisión de 22 revisiones sistemáticas, una metodología de altísima potencia para generar y afianzar evidencia científica. Y el resultado es claro, la población LGTBIQA+ tiene peores resultados respecto a la salud mental. Además, incluye datos comparativos para población adolescente y adulta, y entre los distintos integrantes del colectivo LGTBIQA+ entre sí. 

Hay una evidencia fuerte de una mayor presencia de depresión o síntomas depresivos, ansiedad, autolesiones o intentos de suicido (especialmente, en la juventud), así como alteraciones de la conducta alimentaria y problemas con la aceptación corporal o el estrés postraumático (que aparece, especialmente, en población trans). El estudio relaciona estos hechos con la exposición al trauma y trauma infantil, la discriminación y acoso u otros estresores vitales como el rechazo familiar, la victimización por su identidad o el riesgo de problemas de acceso a la vivienda. 

La población LGTBIQA+, además, afronta el estigma y la discriminación en el mundo sanitario que supone una barrera para el acceso a la salud y la prevención en salud mental, suponiendo un riesgo de falta de acceso a tratamiento o un riesgo elevado de suicido. 

Cabe destacar que las poblaciones trans, intersex y no binaria están infrarrepresentadas como poblaciones con revisiones sistemáticas específicas, lo cual abre la puerta a que aún hay que focalizar los estudios a conocer mejor sus realidades. Aun así, la evidencia que generan estos estudios es bastante sólida, incluyendo estudios de gran tamaño y con bajo riesgo de sesgo.  

En resumen, el estudio aúna la evidencia sobre cómo la discriminación social y el estigma que atraviesa las vidas de la población LGTBIQA+ repercute en una peor salud mental, con mayor riesgo de suicidio y mayor sufrimiento psíquico y corporal. Una sanidad acogedora y respetuosa con la población LGTBIQA+ sería un factor protector para su salud mental. 

No declara conflicto de interés
ES

Antonio Guillamón - revisión salud mental LGTB

Antonio Guillamón Fernández

Catedrático emérito del departamento de Psicobiología de la UNED

Science Media Centre España

El trabajo de Oliva y colaboradores en World Psychiatry es una contribución importante al conocimiento de las diferencias en salud mental entre las poblaciones LGBTQIA+ y la población general. Los autores han realizado un análisis estadístico minucioso de un volumen considerable de investigaciones previas, que permite establecer con mayor precisión la solidez de las asociaciones observadas, particularmente en los trastornos depresivos y las conductas suicidas. 

Su principal fortaleza es también su principal limitación: proporciona una descripción cuantitativa muy rigurosa de las diferencias existentes, pero contribuye menos a explicar los mecanismos que las originan. Los autores destacan el papel del estigma y la discriminación, factores indudablemente relevantes, aunque el diseño de los estudios analizados no permite determinar su contribución específica ni establecer relaciones causales. 

Desde una perspectiva clínica, habría sido interesante profundizar en algunas variables, particularmente, el sexo y la exposición a tratamientos hormonales en las poblaciones transgénero. El sexo debería haberse considerado de forma transversal en los distintos análisis, ya que existen diferencias bien conocidas entre mujeres y hombres cisgénero en la prevalencia de trastornos mentales, particularmente en la depresión, que es más frecuente en las mujeres. Estas diferencias pueden influir en las asociaciones observadas cuando se comparan poblaciones con distinta composición por sexo. Por ello, resulta importante distinguir los efectos relacionados con el sexo de aquellos asociados a la orientación sexual y la identidad de género, dimensiones que no son equivalentes y que pueden interactuar entre sí. 

Otro aspecto que merece atención es el papel del estigma. En la literatura científica, existe un problema de definición y de cómo se mide, ya que conviene distinguir entre el estigma estructural, relacionado con las normas sociales y las políticas institucionales; el interpersonal, que comprende experiencias de discriminación, acoso o rechazo; y el interiorizado, referido a la incorporación de valoraciones negativas sobre la propia identidad. Aunque los autores reconocen estas dimensiones, no es posible establecer a partir de sus análisis la contribución específica de cada una a las diferencias observadas en salud mental. 

Merecen también especial atención los resultados relativos a la imagen corporal, que muestran diferencias entre mujeres y hombres según su orientación sexual. Estas diferencias podrían reflejar tanto factores biológicos como socioculturales, entre ellos, los ideales de belleza, las presiones sociales sobre la apariencia física y las expectativas asociadas al sexo y la orientación sexual. Se trata, probablemente, de procesos que interactúan y cuya contribución relativa sería interesante investigar. 

En conjunto, considero que se trata de un trabajo valioso, tanto por el considerable esfuerzo de síntesis realizado como por las preguntas que deja abiertas para futuras investigaciones. 

No declara conflicto de interés
ES

Noelia Fernández - revisión salud mental LGTB

Noelia Fernández-Rouco

Profesora titular en el departamento de Educación de la Universidad de Cantabria

Science Media Centre España

En conjunto, considero que el artículo constituye una contribución académica relevante, ya que sintetiza una amplia cantidad de literatura científica, clasifica los resultados según distintos niveles de fiabilidad de los resultados de las investigaciones (desde la evidencia más convincente hasta la más débil) e identifica diversas lagunas de conocimiento que requieren mayor atención. Entre ellas, destacan la escasa representación de algunas realidades dentro de la población LGBTQIA+, la falta de datos sobre el acceso a la atención en salud mental y sobre determinados trastornos psiquiátricos graves, las dificultades para establecer qué factores contribuyen a generar o mantener las desigualdades observadas, y la necesidad de desarrollar investigaciones metodológicamente más sólidas y en contextos distintos de Norteamérica. 

Por otra parte, los resultados apoyan la existencia de determinadas desigualdades en salud mental, especialmente, en relación con la depresión y las conductas suicidas, y la revisión identifica una mayor vulnerabilidad en algunos subgrupos, por ejemplo, en las personas bisexuales en relación con ciertos indicadores de salud mental. 

No obstante, la calidad metodológica limitada de algunas de las revisiones incluidas, el mayor porcentaje de estudios transversales y la presencia de investigación mayoritaria de Norteamérica dificultan establecer relaciones causales y limitan la generalización de los resultados a otros contextos. 

Una de las principales implicaciones del artículo es que las identidades LGBTQIA+ no deben considerarse, por sí mismas, la causa de los problemas de salud mental. Por el contrario, los resultados ponen de manifiesto la importancia de considerar factores sociales como el estigma, la discriminación, el rechazo y la falta de apoyo, que pueden afectar al bienestar psicológico. En este sentido, resulta fundamental promover medidas de prevención, garantizar una atención sanitaria adecuada y desarrollar políticas públicas que permitan reducir el impacto de estos factores y mejorar la salud mental y la calidad de vida de estas personas. No obstante, se necesitan más investigaciones para evaluar la eficacia de las intervenciones dirigidas a reducir estas desigualdades. 

Desde una perspectiva crítica, aunque el artículo presenta una estrategia de síntesis valiosa y permite identificar qué asociaciones cuentan con mayor respaldo científico, la solidez de la evidencia varía según los resultados analizados. Por ello, sus conclusiones deben interpretarse teniendo en cuenta las limitaciones metodológicas de algunos de los estudios incluidos y la necesidad de seguir ampliando la investigación en este ámbito. 

No declara conflicto de interés
ES

Almudena Trucharte - revisión salud mental LGTB

Almudena Trucharte Martínez

Investigadora posdoctoral Marie Sklodowska-Curie en la facultad de Psicología de la Universidad de Sheffield (Reino Unido)

Science Media Centre España

Este trabajo resalta la importancia de que la salud mental de las personas LGBTQIA+ no se explica solo por factores individuales, sino por el contexto social y estructural en el que viven. Los autores subrayan el papel del estigma estructural (leyes, normas culturales y políticas institucionales), de la discriminación interpersonal —como el acoso o el rechazo familiar— y de las barreras dentro de los propios sistemas sanitarios, en un momento en que en varios países se están recortando derechos ya consolidados. En mi opinión, la orientación sexual y la identidad de género siguen sin recogerse ni analizarse de forma sistemática en buena parte de la investigación en salud mental, lo que contribuye a invisibilizar estas desigualdades. Esta revisión paraguas, que reanaliza 22 metaanálisis con 398 estudios, ayuda a ordenar la evidencia sobre el tema que hay hasta la fecha. Sus hallazgos más sólidos confirman que las personas lesbianas, gais y bisexuales tienen aproximadamente el doble de riesgo de trastorno depresivo y más del doble de intentos de suicidio que la población heterosexual, y que los adolescentes gais presentan más conductas de dieta y purgativas que sus pares heterosexuales. Dentro del colectivo, las personas bisexuales muestran más ansiedad y autolesiones no suicidas que las lesbianas y gais. 

Sin embargo, conviene tener en cuenta que la calidad metodológica de los metaanálisis incluidos es baja o críticamente baja según AMSTAR-2, una herramienta estándar para evaluar la calidad de las revisiones sistemáticas. Esto limita la fiabilidad de algunas de las conclusiones. Cerca del 90 % de los estudios son transversales, lo que impide inferir causalidad o trayectorias, y la evidencia procede, sobre todo, de Norteamérica y se centra más en personas lesbianas, gais y bisexuales que en personas trans y no binarias. No hay datos cuantitativos sobre acceso o calidad de la atención, y casi ninguno sobre trastornos mentales graves. Además, se trata de diferencias entre grupos, no de un riesgo aplicable a cada persona. Aun así, los resultados respaldan la necesidad de una detección precoz y una atención clínica sensible a la diversidad, de medidas contra el estigma y la discriminación, y de más estudios longitudinales que aclaren los mecanismos. Esto podría ayudar a diseñar medidas que reduzcan el estigma social y estructural. 

Declara no tener conflicto de interés
ES

Javier J. Pérez Flores - revisión salud mental LGTB

Javier J. Pérez Flores

Profesor e investigador del departamento de Psicología Clínica, Psicobiología y Metodología de la Universidad de La Laguna

Science Media Centre España

El estudio parte de una fortaleza clara porque reúne investigaciones que hasta ahora estaban repartidas entre distintos problemas de salud mental y diferentes poblaciones. En concreto, integra 22 revisiones que abarcan 398 estudios y aplica criterios comunes para valorar la consistencia de sus resultados. Esto permite observar qué desigualdades aparecen de manera más estable y cuáles cuentan todavía con un respaldo limitado. Sin embargo, conviene distinguir entre la calidad del procedimiento utilizado para reunir y analizar esa información, y la calidad de las investigaciones de las que procede. Una revisión bien organizada sigue dependiendo de las limitaciones de los datos disponibles de los que parte. 

La primera cuestión importante es que la existencia de estas desigualdades no constituye una novedad. La revisión de King y colaboradores, publicada en 2008 e incluida en este trabajo, ya encontraba una mayor frecuencia de depresión y conducta suicida en personas lesbianas, gais y bisexuales. La aportación del nuevo estudio consiste en ordenar ese conocimiento acumulado, evaluar su consistencia y mostrar que las diferencias no se distribuyen de manera uniforme dentro del colectivo. Esto último tiene interés porque hablar de las poblaciones LGBTQIA+ como si compartieran las mismas experiencias y necesidades puede ocultar diferencias relevantes. 

Entre los resultados más consistentes se encuentra una frecuencia de depresión aproximadamente dos veces mayor, y de intentos de suicidio, unas dos veces y media mayor durante el último año en personas lesbianas, gais y bisexuales respecto a los grupos de comparación. También se observan más síntomas de ansiedad y autolesiones sin intención suicida en personas bisexuales que en lesbianas y gais. Estas cifras describen diferencias entre las poblaciones estudiadas. No permiten anticipar la situación de una persona concreta ni significan que esos problemas tengan una relación directa o deriven de vivencias asociadas a su orientación sexual. 

Algo parecido ocurre con los resultados sobre alimentación. Entre los chicos adolescentes gais se encuentran más conductas de dieta y purga que entre los heterosexuales. Aquí es importante precisar qué se ha medido porque una conducta relacionada con un trastorno alimentario no equivale, por sí sola, a un diagnóstico. Por ejemplo, conocer la frecuencia de determinadas prácticas para controlar el peso no permite concluir cuántas personas cumplen los criterios de anorexia o bulimia.  

Además, hay que tener un cuidado especial derivado de los estudios de partida. Todas las revisiones incluidas recibieron una valoración de calidad baja o críticamente baja. Los autores señalan problemas en las búsquedas empleadas en los estudios previos, en la justificación de los estudios excluidos y en la consideración de posibles sesgos. Esto no demuestra que las desigualdades sean falsas, pero sí obliga a matizar la expresión 'evidencia de alta credibilidad'. En este trabajo, esa expresión se refiere al cumplimiento de determinados criterios estadísticos. Que varios estudios encuentren resultados parecidos aporta confianza, pero no elimina posibles errores compartidos en la selección de participantes o en la forma de evaluar los problemas. 

También hay que ser prudentes al interpretar las causas. La mayoría de los estudios ofrecen una fotografía de un momento determinado (son transversales). Esto permite observar que dos grupos presentan diferencias, pero resulta insuficiente para reconstruir cómo se han producido. Los autores interpretan los hallazgos desde modelos que destacan el papel del estigma, la discriminación y el rechazo. Esa interpretación encaja con la investigación previa, pero esta revisión no determina cuánto explica cada factor. Además, buena parte de los datos procede de Norteamérica y los resultados más sólidos se concentran en poblaciones lesbianas, gais y bisexuales. Por tanto, no sería adecuado trasladar todas las cifras directamente a España ni extenderlas por igual a todas las personas incluidas bajo las siglas LGBTQIA+. 

Desde la perspectiva asistencial, el trabajo refuerza la necesidad de reconocer estas desigualdades y atender a las circunstancias de cada persona. Por ejemplo, puede orientar a los profesionales a explorar experiencias de rechazo, apoyos disponibles o dificultades para pedir ayuda, junto con los problemas que motivan la consulta.  

En el ámbito de las políticas públicas, los resultados respaldan prestar atención tanto a las necesidades asistenciales como a las condiciones sociales que pueden perjudicar el bienestar. Sin embargo, el estudio no compara intervenciones ni permite establecer cuál sería la más eficaz. Tampoco encontró revisiones con metaanálisis que cumplieran sus criterios para evaluar el acceso a la atención en salud mental. Para valorar la respuesta sanitaria habría que estudiar si las personas reciben ayuda cuando la necesitan, si esa atención se ajusta a sus dificultades y si encuentran barreras o experiencias de discriminación dentro del propio sistema. Identificar una desigualdad es un paso necesario; comprobar que las medidas adoptadas consiguen reducirla requiere una evaluación adicional. 

Declara no tener conflicto de interés
ES
Publicaciones
Mental health disparities in LGBTQIA+ populations: an umbrella review of systematic reviews and meta-analyses
    • Artículo de investigación
    • Revisión
    • Revisado por pares
Revista
World Psychiatry
Autores

Oliva et al.

Tipo de estudio:
  • Artículo de investigación
  • Revisión
  • Revisado por pares
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