Arnau Sebé Pedrós
Profesor de investigación ICREA en el Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona
Lo que hacen
Los autores tratan uno de los problemas fundamentales de la biología: entender el origen de la célula eucariota. Para ello usan métodos filogenéticos aplicados a datos de genomas actuales, tanto de eucariotas como de procariotas y virus gigantes, con el objetivo de trazar el origen de distintos genes asociados a funciones y estructuras típicamente eucariotas, como el citoesqueleto, la cromatina o el sistema de endomembranas.
Mensaje principal
El resultado más importante es que el estudio refuerza una idea que ya se había sugerido en un artículo anterior de Toni Gabaldón: que la mitocondria (la factoría energética de la célula eucariota) fue una incorporación relativamente tardía. Esto va en contra de una visión más clásica en la que la adquisición temprana de la mitocondria habría sido el motor principal de la evolución de la complejidad eucariota.
Novedad principal
Más allá de datar el origen de la mitocondria a partir de la simbiosis con una alfa-proteobacteria, el estudio también sugiere que la transferencia horizontal de genes desde otras bacterias (y desde virus gigantes) fue un factor clave para explicar el origen de parte de los genes eucariotas. En este sentido, el trabajo propone una visión más compleja y gradual del origen de la célula eucariota, en la que distintas interacciones microbianas habrían contribuido a formar el repertorio génico de los primeros eucariotas. Este sea quizás el mensaje más novedoso de este artículo.
Consistencia con otros resultados recientes
Por último, los resultados están en gran medida de acuerdo, respecto al origen tardío de la mitocondria, con otros dos estudios publicados recientemente en Nature: Kay et al. 2025 y Tobiasson et al. 2026. La principal diferencia es que aquí los autores sugieren una mayor importancia de la transferencia génica horizontal desde bacterias y virus gigantes.
En general me parece un artículo excelente, que ejemplifica a la perfección cómo la secuenciación masiva y el análisis comparado de genomas a lo largo del árbol de la vida están transformando nuestra capacidad para reconstruir, poco a poco, las grandes transiciones evolutivas del pasado.