Carmen Amaro
¿Qué son las bacterias Vibrio?
“Los vibrios son bacterias que de forma natural habitan ecosistemas acuáticos. Este género de bacterias engloba importantes patógenos humanos como V. cholerae y V. vulnificus. De estas dos especies, V. vulnificus es la conocida como ‘bacteria marina comecarne’. Además, esta especie es patógena no solo del ser humano, sino también de distintas especies de animales acuáticos, algunas de ellas de interés en acuicultura.
V. vulnificus habita en aguas salobres localizadas en regiones templadas, tropicales y subtropicales. Su temperatura óptima de crecimiento se sitúa en el rango de 28 a 37 ºC, por lo que su distribución geográfica se está extendiendo hacia latitudes más altas como consecuencia del calentamiento global. Este patógeno acuático puede ser filtrado y concentrado por moluscos marinos de concha, como ostras o berberechos, que actúan como reservorio.
V. vulnificus infecta al ser humano principalmente por dos rutas: contacto e ingestión. En el primer caso, la infección suele producirse cuando una herida abierta entra en contacto con agua que contiene la bacteria. En el segundo, la bacteria se ingiere con moluscos de concha crudos o poco cocinados e infecta al intestino”.
¿Cuál es el riesgo real para la población general?
“En personas sanas, la infección suele ser leve, autolimitada o incluso pasar desapercibida. Sin embargo, si la persona pertenece a un grupo de riesgo, tanto la infección de una herida como la infección intestinal pueden progresar hacia formas graves”.
¿Cuál es el mayor riesgo de infección por la bacteria Vibrio vulnificus y cuáles son sus consecuencias o síntomas comunes?
“En primer lugar, hay que aclarar que las infecciones por V. vulnificus son en su mayoría leves y pasan desapercibidas, pero pueden ser graves en personas susceptibles por padecer enfermedades preexistentes que comprometen de alguna manera la respuesta inmunitaria frente a la infección. Entre ellas se encuentran la diabetes; distintas enfermedades que afectan al hígado, como hepatitis, cirrosis o cáncer hepático; alteraciones del metabolismo del hierro, como la hemocromatosis; y enfermedades o tratamientos que afectan al funcionamiento normal del sistema inmunitario, como el SIDA o los tratamientos inmunosupresores. Además, aunque no sea una enfermedad en sí misma, la edad muy avanzada también aumenta el riesgo de sufrir infecciones graves.
Si una persona tiene una herida abierta, es recomendable no bañarse en el mar, en estuarios o en aguas salobres, especialmente durante periodos de temperaturas elevadas y, sobre todo, si pertenece a un grupo de riesgo. No deben exponerse al agua de mar, en cualquier caso, heridas quirúrgicas recientes, úlceras, cortes profundos, lesiones que no han cicatrizado bien e incluso tatuajes recién hechos. Pero, si se produce el contacto o la persona se hace una herida mientras se está bañando, hay que desinfectar bien la zona con agua limpia y jabón y con algún desinfectante y vigilar la evolución de la herida. Si aparece dolor intenso o un dolor que progresa rápidamente, enrojecimiento, hinchazón, ampollas con sangre, cambio de coloración de la piel, fiebre, escalofríos o mal estado general, se debe acudir rápidamente a urgencias.
Las formas graves de la infección de heridas comienzan con la extensión de la bacteria hacia zonas más profundas en paralelo a la destrucción del tejido (necrosis), tanto de manera directa por la acción de sus enzimas y toxinas, como de manera indirecta por la respuesta inflamatoria local. Si la infección no se trata a tiempo, puede requerir cirugía e incluso amputación. En ocasiones, la bacteria puede pasar a sangre, sobrevivir y causar una sepsis secundaria.
En el caso del contagio por ingestión de moluscos con concha crudos o poco cocinados, se debe acudir a urgencias si aparece fiebre, escalofríos, vómitos, diarrea, mareo, confusión, debilidad intensa o cualquier signo de afectación general. En estos casos, en las formas graves la bacteria puede atravesar la barrera intestinal, pasar a sangre y causar directamente una sepsis primaria.
En los pacientes de riesgo, la rapidez de la evolución es una señal de alarma fundamental. Si los síntomas progresan en pocas horas, es especialmente importante acudir inmediatamente a urgencias y explicar claramente que ha habido exposición reciente a agua de mar, agua salobre o consumo de moluscos marinos con concha crudos o insuficientemente cocinados. Afortunadamente, V. vulnificus es una bacteria sensible a la mayoría de los antibióticos que se usan en clínica, por lo que el diagnóstico precoz y el tratamiento rápido son esenciales para la curación”.
¿Cuál es o ha sido su presencia en las costas españolas? ¿Y en Europa? ¿Qué condiciones ambientales favorecen su presencia?
“En España, y si nos centramos en el litoral mediterráneo, V. vulnificus no está presente de forma generalizada en todas las playas. Su presencia depende mucho de las condiciones ambientales locales. El Mediterráneo reúne una condición favorable, que es la temperatura elevada durante los meses cálidos, pero también presenta una condición limitante importante: la salinidad del mar abierto suele ser demasiado alta para que V. vulnificus se multiplique de forma óptima.
Por eso, en el Mediterráneo español esperaría encontrarla sobre todo en ambientes costeros concretos donde el agua de mar se mezcla con aportes de agua dulce y se generan condiciones de menor salinidad, como desembocaduras, lagunas costeras, marjales, canales o zonas estuarinas. Es decir, no hablaría de una presencia homogénea en toda la costa, sino de una presencia posible en puntos concretos donde coinciden temperatura elevada, salinidad moderada o baja y disponibilidad de nutrientes.
En Europa, el ejemplo más claro es el mar Báltico. Allí la salinidad es mucho más baja que en el Mediterráneo y, durante los veranos cálidos, se combinan dos factores muy favorables para los vibrios: temperatura elevada y baja salinidad. Por eso el Báltico está especialmente vigilado en verano por las autoridades europeas. También pueden darse condiciones favorables en otras zonas europeas de baja salinidad, estuarios o áreas costeras poco renovadas”.
Puede causar sepsis y amputaciones, ¿cuál es la verdadera frecuencia de esto?
“V. vulnificus puede causar sepsis, infecciones necrosantes de heridas, amputaciones e incluso la muerte, pero es muy importante poner esto en contexto. Para la población general, las infecciones por V. vulnificus son poco frecuentes.
Lo importante no es generar alarma, sino identificar bien a los grupos de riesgo, evitar exposiciones innecesarias y acudir a urgencias rápidamente si aparecen síntomas compatibles.
En cuanto a la verdadera frecuencia de sepsis y amputaciones, en España no disponemos de datos oficiales suficientemente detallados para estimarla con precisión, pero mi impresión es que la frecuencia debe ser muy baja en términos absolutos.
Como referencia, en Estados Unidos, donde existe una vigilancia más desarrollada y donde cada verano se emiten alertas sanitarias en zonas de mayor riesgo, como la Costa del Golfo, se notifican anualmente alrededor de 150–200 infecciones por V. vulnificus (0,06 casos por 100.000 habitantes/año). Estos son casos diagnosticados y notificados, es decir, que llegan al sistema sanitario; las infecciones leves probablemente están infrarrepresentadas.
Lo relevante es que, entre los casos notificados, V. vulnificus puede ser muy grave: aproximadamente una de cada cinco personas con infección por esta bacteria fallece, y algunos pacientes pueden requerir cuidados intensivos, cirugía o incluso amputación. Por tanto, la frecuencia global en la población es muy baja, pero cuando la infección afecta a una persona vulnerable puede evolucionar rápidamente y tener consecuencias muy graves”.