Cristina Carrasco Romero
Profesora sustituta e investigadora del departamento de Fisiología en la facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad de Extremadura
La era del big data sigue dando sus frutos en investigación biomédica y, particularmente, en salud femenina. El análisis de grandes volúmenes de datos clínicos permite estudiar en poco tiempo determinados aspectos de las enfermedades que, de otra manera, requerirían años de investigación. Esto nos ayuda a comprender mejor el contexto en el que se desarrollan y, en consecuencia, a mejorar su prevención, diagnóstico y tratamiento. Este es el caso del estudio que se publica ahora sobre el síndrome del ovario poliquístico, recientemente renombrado como síndrome ovárico metabólico poliendocrino para reflejar con mayor precisión el impacto negativo que este desequilibrio hormonal tiene sobre el funcionamiento global del organismo y no solo sobre los ovarios. Estudios previos ya habían demostrado que las mujeres en edad reproductiva con este síndrome presentan con más frecuencia factores de riesgo cardiovascular, como diabetes, dislipidemia, obesidad o hipertensión. Sin embargo, no existían datos concluyentes sobre el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular ateroesclerótica, caracterizada por un engrosamiento y endurecimiento progresivos de las paredes interiores de las arterias que aumenta la probabilidad de sufrir eventos cardiovasculares como infarto, angina de pecho o ictus.
En este estudio longitudinal, basado en el análisis retrospectivo una base de datos nacional estadounidense, la comparación entre más de 400.000 mujeres con síndrome ovárico metabólico poliendocrino y otras sin este trastorno aporta evidencia sólida sobre un mayor riesgo de padecer enfermedad cardiovascular ateroesclerótica en las pacientes afectadas. Como señalan las autoras, estos resultados vuelven a poner el foco en la necesidad tanto de formar a los profesionales sanitarios como de empoderar a las pacientes en materia de prevención, mediante la adopción y el mantenimiento de estilos de vida saludables como primera línea de actuación. En otras palabras, resulta fundamental diseñar e implementar intervenciones preventivas tempranas a través de políticas de salud pública para reducir el riesgo cardiovascular a largo plazo. De hecho, ya en 2023 se publicó una recomendación internacional que incluía la valoración clínica del riesgo cardiovascular desde el momento del diagnóstico del síndrome ovárico metabólico poliendocrino, aunque, según destacan las autoras, la traslación efectiva de esta evidencia a la práctica clínica sigue siendo limitada.
Cabe recordar que toda investigación científica tiene sus limitaciones. Entre ellas destaca la cautela necesaria al generalizar estos resultados a otras poblaciones, ya que el contexto sociosanitario y la prevalencia de los factores de riesgo cardiovascular pueden variar considerablemente entre países e incluso entre distintas regiones.
Además, tras este avance en el conocimiento del contexto cardiometabólico del síndrome ovárico metabólico poliendocrino, las futuras investigaciones deberán cuestionarse sobre cómo varía este riesgo en las distintas formas clínicas de la enfermedad, cuál es la influencia de tratamientos habituales como los anticonceptivos hormonales y la metformina, y qué sucede en otras etapas de la vida de las mujeres, como la menopausia.