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Diego García Gámez

Profesor titular en el departamento de Física Teórica y del Cosmos de la Universidad de Granada

Los neutrinos son partículas que interaccionan muy raramente con la materia, por lo que para estudiarlos necesitamos detectores de enormes dimensiones. Pero esa misma propiedad los convierte también en mensajeros ideales para estudiar el Universo y, especialmente, para identificar las fuentes astrofísicas que los producen. Al ser partículas neutras y apenas interaccionar durante su viaje, los neutrinos llegan hasta nosotros sin desviarse y, cuando los detectamos, su dirección nos permite apuntar hacia el lugar del universo donde fueron producidos. La información que proporcionan es, por tanto, complementaria a la de otros mensajeros cósmicos más habituales, como los fotones o partículas cargadas como protones. La brillante idea de Francis Halzen fue utilizar el hielo profundo del Polo Sur, como medio de detección e instrumentar aproximadamente un kilómetro cúbico de ese hielo para observar neutrinos de muy alta energía. Poco después de comenzar a funcionar, IceCube logró detectar por primera vez una población de neutrinos cósmicos de muy alta energía, algunos con energías enormemente superiores a las que podemos alcanzar en nuestros aceleradores, abriendo así una nueva ventana para estudiar los aceleradores naturales más extremos del universo.

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