Elisabet Domínguez-Clavé
Psicóloga y doctora en Farmacología, profesora de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y presidenta de la Sociedad Española de Medicina Psicodélica (SEMPsi)
Lo más interesante de este trabajo no es tanto que la psilocibina ‘funcione’, sino que protege los nervios sin necesidad de producir el efecto alucinógeno y sin comprometer la eficacia de la quimioterapia contra el tumor. Pero el paso decisivo será realizar un ensayo clínico con pacientes para confirmar que de verdad la psilocibina previene la neuropatía periférica. Eso llenaría un vacío terapéutico real y muy grande.
Este estudio muestra por primera vez con solidez que la psilocibina también actúa directamente sobre los nervios periféricos, un territorio completamente inexplorado, que amplía el terreno de juego de este tipo de compuestos, más allá de la psiquiatría.
La psilocibina aquí actúa como una vacuna, no repara un nervio ya dañado, sino que evita que se dañe desde el principio. Es una estrategia distinta a la de los tratamientos actuales que implicaría administrarla de forma preventiva antes de cada ciclo de quimioterapia, en lugar de dar un analgésico para tratar el dolor una vez que aparece.
Lo que proponen es una explicación bastante elegante: la quimioterapia no mataría la neurona de golpe, sino que cortaría el suministro de energía al extremo más lejano del nervio, que acaba muriendo de inanición. La psilocibina restauraría ese transporte.