Elisabet Domínguez
Psicóloga y doctora en farmacología del Hospital de Sant Pau de Barcelona, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Psicodélica (SEMPsi) y coordinadora de la iniciativa Psychedelicare en España
¿La nota de prensa refleja el estudio con precisión?
“Los datos principales están bien reproducidos: los 1.170 millones de personas con un trastorno mental en 2023, el papel protagonista de la ansiedad y la depresión, las diferencias por sexo y edad, y la alerta sobre el bajo acceso a tratamiento. Hay, sin embargo, alguna simplificación que merece matizarse: la nota dice que los trastornos mentales representan “alrededor del 6 % de todos los DALYs”, lo cual es correcto, pero no menciona el dato quizá más llamativo del estudio: que en 1990 los trastornos mentales ocupaban el puesto 12 en la clasificación global de DALYs, y en 2023 han ascendido al puesto 5. Ese salto en el ranking es uno de los hallazgos más significativos y merece mención explícita. También queda fuera de la nota que los trastornos de ansiedad superaron en carga a la depresión por primera vez en 2023, en parte, porque se resuelven con menos frecuencia espontáneamente”.
¿El estudio es de buena calidad?
“Este es el análisis de carga de enfermedad más exhaustivo que existe a nivel global. El GBD 2023 cubre 204 países y territorios, incorporó más de 5.000 nuevos puntos de datos epidemiológicos y ha actualizado y mejorado sus herramientas estadísticas de modelización bayesiana con respecto a versiones anteriores. Las estimaciones incluyen intervalos de incertidumbre, lo que da transparencia sobre su fiabilidad. Es un trabajo de referencia internacional, con financiación independiente (Gates Foundation, Queensland Health y University of Queensland) y sin participación de los financiadores en el análisis o la interpretación”.
¿Cómo encaja este trabajo con la evidencia existente?
“Refuerza y actualiza la evidencia previa. La última estimación comparable de los mismos autores era la de la GBD 2019 (publicada en 2022). Este nuevo análisis incorpora los efectos de la pandemia de covid-19, que disparó las tasas de depresión y ansiedad especialmente en 2020-2021. Confirma tendencias ya conocidas (mayor carga en mujeres adultas, mayor prevalencia de trastornos del neurodesarrollo en niños y adolescentes varones) y las cuantifica con mayor precisión. El hallazgo de que los trastornos mentales son ya la principal causa de años vividos con discapacidad (YLDs) a nivel mundial es coherente con lo que otras fuentes, como el Informe Mundial de Salud Mental de la OMS de 2022, venían señalando”.
¿Han tenido en cuenta los factores de confusión? ¿Hay limitaciones importantes?
“Los propios autores son muy transparentes sobre las limitaciones, lo que es una señal de rigor. Las más relevantes son:
- Cobertura geográfica desigual: 75 países (la mayoría de renta baja y media) carecen de datos propios, lo que obliga a extrapolar mediante modelos. Las estimaciones para esas regiones deben interpretarse con cautela.
- Datos mayoritariamente previos a la pandemia: la mayoría de las encuestas diagnósticas son de antes de 2019, lo que limita la capacidad de capturar tendencias recientes con precisión.
- Definiciones diagnósticas: el estudio se basa principalmente en criterios DSM-IV-TR, que no siempre se trasladan bien entre culturas. Muchos instrumentos de medida no han sido validados de forma transcultural.
- Trastornos por uso de sustancias excluidos: el análisis no incluye alcohol ni drogas, que coocurren frecuentemente con los trastornos mentales. Esto subestima la carga total que atienden los sistemas de salud mental.
- No captura toda la mortalidad atribuible: el suicidio se clasifica en otra categoría del GBD, por lo que el impacto letal de los trastornos mentales está infraestimado”.
¿Cuáles son las implicaciones para el mundo real?
“Son muy significativas. El estudio muestra que los trastornos mentales son hoy la principal fuente de discapacidad en el mundo y que la brecha entre necesidad y tratamiento sigue siendo enorme: solo alrededor del 9 % de las personas con depresión o ansiedad reciben una atención mínimamente adecuada. En los países de renta baja, ese porcentaje puede ser inferior al 5 %. El pico de carga en los 15-19 años señala que las intervenciones tempranas (programas escolares, cribado en atención primaria, apoyo a familias) son indispensables. El hecho de que incluso países con sistemas sanitarios avanzados no hayan logrado reducir la carga indica que el problema no se resuelve solo con más recursos clínicos: hacen falta cambios sistémicos que aborden determinantes sociales como la violencia, la desigualdad o el aislamiento social.
El principal hallazgo de este estudio es la combinación de una carga creciente (con el pico en población adolescente) y una respuesta terapéutica insuficiente, donde apenas el 9 % de quienes tienen depresión recibe tratamiento adecuado. Los datos son una llamada de atención inequívoca a los gobiernos para que actúen con políticas de prevención temprana, atención adaptada a jóvenes y mujeres, y una inversión real y coordinada en salud mental.
Cuando los científicos hablan de ‘carga’ de una enfermedad no se refieren solo a cuánta gente la padece, sino a cuánto daño real provoca en la vida de las personas. Es una forma de medir el sufrimiento colectivo: cuántos años de vida sana se pierden porque alguien no puede trabajar, relacionarse o, simplemente, vivir con normalidad debido a su enfermedad. En el caso de los trastornos mentales, ese daño viene de vivir durante años o décadas con ansiedad permanente, con una depresión que impide levantarse por las mañanas o con una esquizofrenia que aísla completamente a quien la sufre. Este estudio muestra que los trastornos mentales son hoy la principal causa de discapacidad en el mundo (o lo que es lo mismo, que ninguna otra enfermedad limita más la vida cotidiana de tanta gente en el planeta, aunque no sea la que más mata directamente).
España destina menos del 7 % del presupuesto sanitario a salud mental y las listas de espera para acceder a un psicólogo o psiquiatra en la sanidad pública se cuentan en meses. Que solo uno de cada diez pacientes con depresión reciba tratamiento adecuado a nivel global no sorprende cuando en nuestro propio sistema la atención a la salud mental sigue siendo, en la práctica, un privilegio de quien puede pagarla”.