Fernando Ojeda
Catedrático del departamento de Biología (Área de Botánica) de la Universidad de Cádiz y responsable del grupo de investigación Función, Ecología y Biodiversidad en Ecosistemas Mediterráneos en el Instituto de Investigación Vitivinícola y Agroalimentaria (IVAGRO)
Llevan ardidas más de 3.000 hectáreas y eso es una burrada. Ha habido fuegos mayores, pero es muchísima extensión. No es normal que se den incendios tan extensos en los paisajes mediterráneos. En la mayoría de los casos, en incendios de este calibre, por ejemplo, el de Pedrógão Grande en Portugal en 2017, con 64 muertos, muchos de ellos atrapados en sus coches mientras trataban de huir, ¿qué es lo que está pasando? Que la vegetación del lugar arde con mucha intensidad. Nuestros paisajes se han forestado en muchas zonas para evitar la desertificación y se ha creado un paisaje homogéneo de pinos en detrimento de vegetaciones menos vistosas, como espartales u otros matorrales. En la zona este, son Pinus halepensis, especie autóctona que ha tenido una fuerte selección artificial por domesticación y que tiene un gran éxito. Son auténticos polvorines. Arden con una intensidad tan grande que se convierten en focos imparables, y, además, tienen piñas que saltan a modo de pavesas y extienden aún más el fuego. Los megaincendios están asociados a plantaciones forestales, como expliqué en un artículo de The Conversation.