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Este trabajo de J.A. Doudna y colaboradores es un nuevo ejemplo de cómo la IA generativa está cambiando el modo de trabajar en los laboratorios. En concreto, en el diseño de proteínas de novo. En este caso los autores han conseguido mejoras en las tijeras CRISPR para la modificación genética para que sean cada vez más eficientes y seguras. Este estudio supone una aceleración importante para el desarrollo de nuevos enzimas, la nucleasa Cas12, en la edición genómica. También un buen ejemplo de cómo la IA puede convertir en meses lo que hasta ahora eran largos años de trabajo experimental. La IA determina qué variantes se deben de probar en base a cambios en la estructura/función en modelos predictivos; los autores incluyen en estos modelos datos evolutivos que resaltan la divergencia de las variantes programadas por la IA. El resultado final produce la mejora de distintas propiedades de la nucleasa (unión al DNA, RNA, corte). Este trabajo es una nueva demostración de cómo la evolución no natural puede competir muy seriamente con la evolución natural no dirigida. La IA está acelerando la obtención de nuevos productos de valor biotecnológico, como en este ejemplo, nuevas nucleasas diseñadas casi de manera artificial.

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