Autor/es reacciones

Francisco Ortega

Catedrático de Paleontología de la UNED y responsable del Grupo de Biología Evolutiva

Está muy bien, es un saurópodo del Jurásico Superior y, aunque ya tenemos una enorme colección de saurópodos del Jurásico Superior en la península ibérica, el ir poniendo ‘ladrillos’ en el muro del conocimiento nos permite ir viendo cómo es el paisaje.  

El material es parcial, pero el registro de restos atribuible a estos organismos es relativamente escaso en el Jurásico Superior de España. La información disponible les ha permitido determinarlo como una especie de Diplodocus, aunque no ha sido posible atribuirlo a una especie concreta. 

El Jurásico Superior de la península ibérica, bien representado en la costa portuguesa y en Teruel, tiene enormes semejanzas con el Jurásico Superior de Estados Unidos y, por lo tanto, enlazan muy bien con las faunas icónicas de la formación Morrison. De hecho, se lleva algunos años analizando las relaciones transatlánticas de las faunas jurásicas portuguesas y se han reconocido algunos de los taxones mejor conocidos de esa formación, como Stegosaurus o el carnívoro Allosaurus.  

También se habían identificado hasta ahora algunos saurópodos, con relaciones cercanas a ambos lados del Atlántico. Por ejemplo, Allosaurus fragilis, el terópodo más emblemático de la formación Morrison, está representado en Portugal. Con el tiempo estas semejanzas se están extendiendo cada vez más al registro turolense y comenzamos a entender que las faunas portuguesas aparecen en Teruel (y viceversa) y que ambos comparten la semejanza con sus vecinos (en el Jurásico) norteamericano. Y así, algunos carnívoros de gran tamaño, como Torvosaurus parecen estar compartidos por los tres registros.  

En el caso de los saurópodos, la situación parece que tiende a ser la misma; hace años que se sospecha que Supersaurus sería un género de dinosaurios saurópodos del Jurásico Superior compartido entre la península ibérica y Estados Unidos e incluso conocemos restos de diplodócidos con representantes muy semejantes a ambos lados del Atlántico. En este contexto, el hallazgo de Diplodocus en Teruel es un importante ‘ladrillo’ más en nuestra comprensión del proceso de la apertura del Atlántico Norte. El Atlántico en ese momento era mucho más estrecho que el actual y hasta hacía muy poco había contactos entre la costa norteamericana y la costa europea. Los grupos de dinosaurios habían podido desplazarse ocasionalmente entre ambos continentes y ahora, aunque estuviesen aislados a ambos lados, la deriva genética no ha diferenciado suficientemente algunas especies como para que podamos diferenciarlas por sus huesos.   

En cualquier caso, encontrar en el registro ibérico a Diplodocus, que es uno de los dinosaurios más conocidos y con mayor implantación cultural, pone de manifiesto de forma especialmente llamativa este proceso. Desde el punto de vista biogeográfico y de registro, es un nuevo ‘ladrillo’ relevante de algo que estamos entendiendo cada vez mejor a medida que avanzan los estudios. Con la incorporación de Diplodocus a los ya conocidos Allosaurus y Stegosaurus, estamos haciendo la ‘colección completa de los cromos’ de dinosaurios de los años 40 de Estados Unidos en la península ibérica. 

ES